Libros vienen | Publicado el 13 de noviembre de 2021 a las 15:00 hs.

Nosotros los de entonces de Bea Pustilnik, el orden de la memoria

La novela de Bea Pustilnik es un bordado bello y riguroso de una memoria que hila lo más hermoso de la infancia, con pasado mediato y que deja figurar las distintas miradas de una misma protagonista un mundo tan nuestro que sacude todas las emociones.

Por Teresa Gatto

Baltasara Editora, Rosario, Sta. Fe, 2020, 229 págs.

 

El acertado prólogo de Luis Gusmán finaliza con la frase con que Faulkner ilumina, en su inicio, la Estrella Distante de Roberto Bolaño.

Estrella, narradora de la novela, sujeto del enunciado se hace cargos de los numerosos y diversos sujetos de la enunciación de su pasado y presente.

Así como un personaje de su recuerdos borda sobre piqué, ella borda una novela en la que su abuelo, que abre la saga, su Zeide, la introduce en el mundo de los caballos, el bayo y el zaino, y sus estadías en Entre Ríos son un Carpe Diem, y, la bordadora pasa sin solución de continuidad a Buenos Aires, la escuela (en la que no podrá ser un personaje de acto porque sencillamente es judía) al bar histórico de los escritores y artistas que desafiando a los torturadores de ayer y de hoy (con otras armas) se harán cargo de infligir el miedo, el terror y la muerte que esta Estrella, evade como un milagro.

Existe una delicadeza  en el modo de narrar de Bea Pustilnik, que hace que una vez comenzada la lectura sea difícil dejarla ya que, los saltos en el tempo de la narración y en el de los sucesos no necesitan ser fechados. Existe un horizonte de expectativas al que el lector pertenece que le permiten identificar, sea cual sea su fecha de nacimiento, aquellos ideologemas (que articulan la conciencia social e histórica)  que sus padres/madres, abuelos/ abuelas  o por sí mismos son reconocibles sin apelar a una descripción realista.

Lo que emerge de la novela es un estado de cosas en la que una vida, la de Estrella, rememora y hace una puesta en presente de los  avatares que su  existencia sufrió y disfrutó en su país. Un país que se sigue debatiendo entre la nada y la eternidad.

Un desfile/galería de personajes hacen que la condición de posibilidad de narrar, esto es, la vida de Estrella sean los pivotes insustituibles con los que el bordado se consuma mientras  una borda un obra de teatro.

Sabemos la que novela incluye, por su maravillosa polifonía, a muchos géneros, la poesía, el teatro, la epístola, y la biografía. Ningún lector puede llamarse a engaño cuando algo del orden de loa “real” se vuelve tan inefable que sólo puede ficcionar y, si  es dentro de otra ficción, se potencia. No sólo por los evidentes cambios de grafía y los aspectos formales, sino  porque además ese género incrustado en el orden de los sucesos demuestra qué es aquello indecible e imposible de narrar con palabras de la vida cotidiana (la palabra en la vida, la palabra en la Literatura)

La novela de Bea Pustilnik, alumbra una vida que son infinitas vidas en un insilio de escritura que mixtura no sólo la condición del “otro” de religión, sino una declaración de principios que bien leídos son comunes a la conciencia colectiva.

Nosotros lo de entonces…sólo podemos ser los mismos cuando volvemos a la infancia matricial y primigenia…E Tout le reste est Litterature.

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