Críticas | Publicado el 14 de octubre de 2021 a las 20:23 hs.

Cisneros, una tragedia Argentina o el Destino sudamericano.

La obra escrita y dirigida por Martín Ortiz, aborda un tema con un anclaje histórico que se vuelve actual frente a las disputas de poder que desde siempre convirtieron a nuestro país en tierra de bandos, con excelentes actuaciones. Función presencial marzo 2020, antes del Protocolo de Pandemia

Por Teresa Gatto

 “A "nosotros" nos basta con establecer esas fronteras en nuestras mentes; así pues, "ellos" pasan a ser "ellos" y tanto su territorio como su mentalidad son calificados como diferentes de los "nuestros" “

Orientalismo- Edward Said

 

Si existe un modo de buscar el origen de las divisiones y, de la barbarie que desde hace siglos asola a estas tierras, no hay más que remitirse al “descubrimiento” y colonización sangrienta y saqueadora que diezmó a los pueblos originarios, esperando a que Roca, unos siglos después,  termine el trabajo sucio en Argentina.

Incluso la Semana de Mayo, cuyos festejos culminan el día 25, tiene su punto más ascendente y fundante en el día 22, cuando se decide el cese del Virrey. Finalmente los criollos, no sin asperezas y más sangre posterior, deciden tomar el toro por las astas. Pero ahí no terminaba nada sino que comenzaba una lucha porque ningún ladrón quiere entregar su botín y si lo saqueado es fuente inagotable de riquezas, perpetuar el saqueo es el ABC de los ladrones.

La historia que representa Cisneros, la obra de Martin Ortiz es sobre la descendencia del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, su nieto, interpretado de modo magistral por Leonardo Odierna, recluido en una estancia de la provincia de Buenos Aires, vive en un mundo “otro”, una cosmogonía de riquezas y blasones del pasado. Su compañía es un lacayo y sus dos hijas españolas que en sintonía con sus antepasados esperan que su padre muera para heredarlo de una buena vez.

La bisagra a ese asedio de las dos malignas, Laura, encarnada por Lorena Szekely y Cordelia en la piel de Natalia Samoral, que sostienen su acento castizo sin césar y cierto amaneramiento español de un modo excelente, será la “otra”, la hija argentina y media hermana de éstas que es criolla y que divide las aguas contaminadas de las potables.

Ana,  interpretada por Maggie Helou con gran solvencia, reivindica su tierra y la libertad de la misma.

Para ella, no existe chance de reivindicar la Conquista, no existe una sola disyuntiva, es criolla y España sigue siendo el germen de la devastación. Ana es una síntesis del  sueño de una América Soberana, una América que hasta el día de hoy sigue sin  respetar ni reconocer una diversidad que como una aporía es una unidad de destinos.

Hoy, desdichadamente, seguimos asistiendo al decadente espectáculo de la discriminación. Mujeres de pueblos originarios presas, sujetos que son bajados a golpes de un transporte por portación de cara. Desigualdad de oportunidades y por sobre todo: Codicia,  mucha se vio televisada con la  muerte de un patriarca declarándolo incapaz sólo para quedarse con su fortuna para hacer más fortuna.

Lo notable  es que Cisneros  a quién más extraña, es a esa hija criolla a la que desea cerca en su tiempo de descuento. No es porque hayan caído sus convicciones sino porque ella exuda coraje y nada le importa, estar junto a un zambo (mestizo nacido  de la unión de negro y poblador originario) es un orgullo.

Los aspectos que engrosan el signo teatral, están muy logrados. El diseño de escenografía y el de vestuario están muy logrados. Los mismos resultan  indiciales de la diégesis en todo momento. Un escenario divido en dos que es una puesta en abismo de un estado de cosas que persiste, minimalista para que sólo los personajes se puedan destacar porque lo importante es lo que se dice, a cargo de Jorgelina Herrero Pons El vestuario a su vez, proporciona una caracterización de  Cisneros impecable, con sus ropajes y accesorios ya casi demodé que no sería funcional si Odierna no cumpliera al pie de la letra con aquellas pautas de Richard Bolelasvky trazó en La  formación del Actor[i], y si bien éste es tributario del Método Stanilavsky, no lo es menos  que  ha sido perfeccionado y destaca que la caracterización es desde adentro hacia afuera. De ese modo, nada en el ser del personaje resulta forzado.

La música de Damián Ferrero, acompaña a la historia re-presentada sin manipular al espectador. Los únicos que nos manipulan estableciendo el pacto con el verosímil son los actores de la mano de su director.

El elenco se completa con Mario Petrosini y Pablo Shinji que hacen sus aportes acertados sin competir con los que más presencia en la Historia se lucen.

El refrán sería “Estamos como cuando llegamos de España” pero para todos los tiempos desde 1492.

 

Ficha Artístico/Técnica

Autor: Martin Ortiz

Actúan: Maggie Helou, Leonardo Odierna, Mario Petrosini, Natalia Salmoral, Pablo Shinji, Lorena Szekely

Músicos: Damián Ferraro

Vestuario: Jorgelina Herrero Pons

Escenografía: Jorgelina Herrero Pons

Diseño de luces: Eduardo Safigueroa

Diseño sonoro: Damián Ferraro

Realización de vestuario: Titi Suárez

Fotografía: Gabriel Reig

Diseño gráfico: Maggie Helou

Asesoramiento dramatúrgico: Andrés Binetti

Asistencia de dirección: Nazarena Pereyra Rozas

Prensa: Giacani-lauro Comunicación

Selección Musical: Damián Ferraro, Martin Ortiz

Puesta en escena: Martin Ortiz

Dirección: Martin Ortiz

Duración: 80 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

Funciones

El Excéntrico de la 18

Lerma 420 CABA

Tel. 4772-6092

http://www.elexcentricodela18.com.ar

Entradas: Domingos 18.00. $500

Hasta el 21-11-21

 



[i][i] Boleslasvky, Richard, la formación del actor, 6 lecciones de Arte Dramático, Ed. Andina 1973, Bs As.

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