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teatro » nota

Críticas | Publicado el 16 de abril de 2022 a las 15:36 hs.

La última cinta de Krapp, que nunca es la última, de Samuel Beckett,

Adaptada y dirigida por Guillermo Ghio. Pablo Turchi afina su instrumento y le da vida a Krapp, con un gran trabajo. Los lunes a las 20.00 en Itaca Espacio Teatral

Por Teresa Gatto

Un proceso lingüístico que aborda en sentido inverso la aventura de la significación,despojando al lenguaje de recursos retóricos,obligándose a un viraje hacía el menos, en cuanto a la expresión mínima, y hacia la intemperie del idioma menos sabido articulando un sistema expresivo
que linda con el balbuceo lúcido

Laura Cerrato- Génesis de la poética de Samuel Beckett, 1999.

 

Los ‘50 del Siglo XX le regalan a las Artes lo que canónicamente se reconoce bajo el nombre de “lo nuevo”. El siglo con Proust, Joyce, Kafka, luego con Faulkner, Sartre, sufre un nuevo viraje con el «objectivisme» francés. Aparecen novelistas como Robert Grillet, entre los psicoanalistas, Nathalie Sarraute, que se empeña en el análisis psicológico y la subconversación. Mientras, otra escritora, Margueritte Durás desarma con su poética ese constructo y Roland Barthes escribe, entre otros, El Grado Cero de la Escritura; el teatro, no falta tampoco a la cita de ese artefacto renovador. La aparición de Esperando a Godot, primero estrenada en una prisión frente a 1500 reclusos y luego en teatro, provoca una conmoción aguda en la sociedad. A punto tal que cuando a Beckett se la piden de Irlanda, la reescribe en inglés, ( el tema del original y la re escritura no son parte de este análisis).

Con la aparición de La última Cinta de Krapp, 2 años después, seguimos asistiendo a la fragmentación lingüística pero desde otro espacio de la subjetividad. Si los personajes que esperaban a Godot se hallan en una suspensión del absurdo que es provista de sentido por la recepción (Godot, podía ser Dios, la Libertad, la igualdad, etc) arrojando así un anzuelo al futuro, no es menos cierto que el que espera desespera. Pero en Krapp, la cuestión muta. No hay otra espera que la de la muerte y una melancolía del pasado que retorna cuando el personaje en cuestión rebobina cintas grabadas por el mismo hace muchos años.

Toda la puesta que adapta y monta Ghio está anclada en el pasado, y en ese sentido Pablo Turchi le pone el cuerpo desde lo más profundo, actúa un sujeto meláncolico, sumido en un pretérito de granito que no ha podido dejar sus costumbres añejas, tal vez para ser el que fue. Cuando abre la Caja 3 que contiene el carrete 5, el espectador advierte el despliegue de un doble registro, por un lado, las cintas guardadas preciosamente en cajas numeradas y por otra, su bibliorato que es un buscador de aquellos momentos que desea revivir.

Dice al pasar la palabra “equinoccio”, que no es otra cosa que un cambio de estación, no sabremos a cuál de ellos se refiere porque para Krapp, todo está oscuro y se siente muy solo en la oscuridad. Tal vez no sepa o no quiera aceptar que la soledad es interior. Que su encoprésis es un enojo atávico. Que el médico le ha dicho que no más de 4 bananas por día. Pero Krapp no suelta. No puede soltar. Diría Borges “A mí sólo me queda el goce de estar triste”(1)

Palabras como “silencio”, el “vacío”, el “absurdo” y la “soledad”, “el pesimismo” y la desesperanza” seducen desde una supuesta “profundidad” reflexiva que abisma a la subjetividad por sobre la cotidiana rutina de gustos y disgustos del habitar establecido. A un intelecto de vigor juvenil le suele entusiasmar la estética de la catástrofe, sólo hay revelación donde el universo se hunde, son sólo eso, palabras que intentan dar cuenta de cuál es el -borroso y escurridizo, acaso por la fatalidad de un sujeto construido con palabras- eje medular de la obra de Beckett .(2)

Lo cierto es que La última Cinta de Krapp recala en Buenos Aires por sólo dos funciones más, deberían ser muchas porque asir lo nuevo que fue es poder pensar en lo nuevo que vendrá, que ya siguió, que estárá llegando.

En este sentido es provocador que un director como Guillermo Ghio le eche mano a una traducción irlandesa en el original y que el público se acerque a Beckett. Su elección del actor es más que acertada porque Turchi posee las caracterísitica ideales para ser el hombrecito de las cintas, en la cinta. Sus manos, su figura estilizada y a la vez caracterizada como cercana al vencimiento absoluto, dotan de una fuerza a ciertas palabras que dirá su personaje al que todo lo trasviste de color negro. Negro Luto. Negro Oscuridad. Negro tristeza profunda.

Incluso cuando vocifera: “Que no vuelvan los mejores días”, en forma repetida, desplaza el significante, porque una repetición pertinente es un traslado, ahondando así en el goce de su estado meláncolico por lo que no fue, es, ni será.

Conviene recordar que, como lee Lucas Margarit(3), que Beckett jamás se reconoció cerca de las vanguardias nacionalistas, y que ubicar su obra sigue siendo problemático porque aunque hayan pasado casi 75 años, esa escritura retorna como sombra prefigurativa de lo que luego serían las teorías que mutan del sujeto escindido de Freud al fragmentado de Lacan (tremenda diferencia).

La puesta, que se puede ver los dos lunes próximos, en Itaca, Complejo Teatral, logra su cometido ampliamente, con una reversión que introduce al espectador en ese mundo de claros/oscuros, que transita entre la angustia y el placer, y el tema que nos enviste y que además, exige nuestra mirada atenta porque hay que tener mucho coraje para meterse con Samuel Beckett, traducirlo y montar un espectáculo que, sólido, dignifica a la escena del Off.

Los logrados efectos de sonido a cargo de su director, la ausencia de música que manipule al espectador redundan en la intimidad absoluta. Si su localidad está en primera fila o más atrás, compartirá la escucha con Krapp como si este lo hubiera invitado con una copa de licor.

Como decía el inmenso Francisco Javier “Qué puestas para qué obras”, ésta, revisitada, ha hallado su versión en el mundo.

 

 

 

ITACA COMPLEJO TEATRAL
Humahuaca 4027 (mapa)
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 1135965006
Lunes - 20:00 hs - Hasta el 20/06/2022

 

[1] Borges, Jorge Luis, 1964, parte II, Antología Poética, Emece, Bs. As. 1983

[2] https://sergiorojas.cl/wp-content/uploads/2020/06/INTRODUCCIO%CC%81N-LIBRO-BECKETT.pdf

[1] Lucas Margarit, Beckett y las vanguardias, 2001 Buenos Aires pdf “Beckett no se sentirá integrante del grupo puesto que su mirada general frente a la literatura dista mucho de la rebelión antitradicionalista que caracteriza a las vanguardias. Sus primeras experiencias poéticas se acercan mucho más a la tradición poética anglosajona encabezada por Ezra Pound. Alrededor de 1930, Beckett publicó un ensayo en francés titulado “Le Concentrisme”,  cuyo título alude, paródicamente, a los distintos “ismos” de vanguardia y en donde construye un personaje, Jean du Chas, basado en una superchería textual que le sirve para disertar sobre la creación literaria y el lugar que suele ocuparel hombre de letras. A fines de esta década, traduciráuna serie de textos en prosa sobre arte contemporáneo, en particular uno de André Breton sobre la pintura de Wolfgang Paaleny escribirá un grupo de ensayos breves sobre pintores abstractos como Geer van Velde que aparecieron en London Bulletin, revista publicada por el surrealista belga E. L. T. Mesens. En todo caso, es posible que se haya dado una relación más cercana con el espíritu de algunos poetas ligados con el expresionismo. En la “German Letter” que escribió a su amigo Axel Kaun en 1937, le pregunta si existe alguna traducción al inglés de la poesía de Georg Trakl,en cuya obra se encuentran algunos elementos parcialmente vinculados con la escritura beckettiana. Así pues, la adopción del francés como lengualiteraria tendría su alarmante influencia en la relación que, entre las palabras y el cuerpo quebrado o entreel lenguaje y un ser que se aleja del mundo, sugiere la obra del poeta austriaco. 

Es indudable que la figura de Samuel Beckett representa un epígono atravesado por distintas corrientes poéticas y artísticas de principios del siglo xx. Al abandonar su Irlanda natal, sus primeras relaciones con lo que suele llamarse vanguardias históricas se produce en el año 1928, cuando se instala por primera vez en París. Durante estos años, Beckett se encontraba junto con su amigo James Joyce en la librería de Sylvia Beach, Shakespeare & Company, donde se relacionó con algunos integrantes y textos de estos movimientos. Con todo, el principal vínculo lo estableció con Philippe Soupault, quien comentará en la Nouvelle Revue Française de 19311la primera versión en francés deuna sección del Finnegans Wake de Joyce, “Anna Livia Plurabelle”, realizada por Beckett y su amigo Alfred Péron a pedido de su autor. Unos meses después, llevó a cabo una serie de traducciones para la revista dirigiday editada por Edward Titus, This Quarter, en un número especial dedicado al surrealismo. Estas versiones saldrán publicadas en el año 1932 junto con poemas de  Nouvelle Revue Française En su obra poética, el sujeto se encuentra, por lo general, apartado del paisaje oscuro y desintegrado que describe: tal como ocurre en Beckett, se trata de una observación que termina atravesada por la experiencia