Ideario Amoroso de la Palabra | Publicado el 05 de abril de 2020 a las 17:58 hs.

UNA DISFONÍA CORAL

Cuando se avecinaba el confinamiento le pedí al Gran Pablo Duca que escribiera lo que quisiera sobre su quehacer escriturario. Sin pensarlo dos veces aceptó complacido. No hace falta agregar que nos honra y que por las dudas, le dio a la brillante Lucía De Leone, su texto a revisar. Siempre un texto debe tener un editor que lo mire con verdadera empatía y se enamore de él. Aquí los dejo. Porque aislados y todo, a la Palabra No la Han Vencido.

Po Pablo Duca

¿Es posible encontrar una voz, un decir, un propio estilo?

Como un trabajo afanoso de búsqueda de libertad, la escritura debe realizarse eyectivamente. Como una lanza que se tira porque sí. Todo lo que se quiere decir se debe decir. Como un vocablo obligatorio. Entiendo que el lenguaje y el pasaje de la oralidad a la escritura, en momentos donde desde los lugares de poder se prefiere el silencio y la desconfianza, es una decisión política. Un acto revolucionario al que está obligado el artista como interpelador social. Y en este murmullo disidente que se encuentra en la palabra, en el teatro, en la danza, en las artes plásticas, se crea una voz coral que excede el papel. El poema se dice en público, se filma, se reproduce. Y está en la reproducción la conmoción, las alertas, las alarma.

Desde que los vientos globalizados y materialistas han ocupado el terreno que respiramos, la voz del artista resulta fundamental como oxigenador y revisionista de la contemporaneidad. Lo coyuntural suele llevarse todo por delante y es el arte el que reflexiona, mira con los ojos achinados el horizonte y obligado por las raíces que lo llevan adelante, desgarra, enternece, emociona, conmueve. La mirada del poeta, en este caso, es crucial como lector del devenir de los tiempos. Leer a Vallejo, Watanabe, Carmona, Uribe, Zurita, Boccanera y tantos otros lo demuestran. Pero no sería uno sin el otro.

Sin embargo, ninguna voz está aislada de las otras voces que murmuran a los costados. De ello deviene una disfonía coral que le da identidad a un pueblo. La voz no es pura, es cierto. Pero en el decir comunitario, en lo micro y en lo macro, se conforma una lectura posible.

El lactante pide alimento con el llanto, luego el balbuceo y finalmente la palabra. Un mundo políglota que emerge de las profundidades de los barrios, de la periferia y deja de ser centrista (en el sentido más amplio de la geografía), donde el poeta de un pueblo tiene tanto valor como el de la metrópolis. Que en esto tiene sentido todo.

Entonces vuelvo al punto inicial:

¿Será necesario encontrar una voz?

La voz es realmente un experimento coral y el emisor-escritor-poeta completa su decir con el lector y el murmullo o grito del poeta vecino.

En estos tiempos de encierros y amor a corta distancia en que el abrazo y el beso han quedado como gestos de riesgo, volvamos a las bases. La mirada vuelve a ser caja de resonancia entre un nosotros. Una palabra que se completa con otra y la frase se arma multiplicada. Y por la distancia (nueva distancia y transitoria) sea un grito social.

 

Y que el fin del mundo (o su simulación de ello) nos encuentre escribiendo y leyendo, como una terapia antiviral de demostrada eficacia desde los confines de los tiempos.

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