Críticas | Publicado el 27 de octubre de 2018 a las 17:06 hs.

El viento escribe ( y se lo lleva)

La puesta de Enrique Dacal con texto de Enrique Papatino es una indagación sobre la verdad y sus apócrifos y posee muchos méritos de actuación, dirección y un guión maravilloso. Teatro Payró, viernes 20.30. Una cita imperdible.

Por Teresa Gatto

 

“…la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.
Redactada en el siglo diecisiete, redactada por el “ingenio lego” Cervantes, esa enumeración es un mero elogio retórico de la historia. Menard, en cambio, escribe:
…la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

Pierre Menard, autor del Quijote. Jorge Luis Borges.

 

¿Qué hay detrás del afán del coleccionista? Difícil explicarlo, porque en el caso que nos ocupa nos es el decadentista personaje Des Esseintes de À rebours o  al revés  de Joris-Karl Huysman, que cansado decide coleccionar numerosas variantes porque el spleen de París lo agota y porque justamente, coleccionar es decadente cuando no tiene objetivo más profundo que de poseer para luego desechar.

En El viento escribe, un director de la politécnica, encarnado con gran acierto por Marcelo Nacci, le paga a un sujeto que luego sabemos que se desdoblara en dos personajes, para que le traiga incunables, pueden ser cartas de Jean D’Arc o papeles que pueden cambiar definitivamente el curso de la historia y con ello de la gloria.

¿Quién inspiró la  idea de fundar la Academia Francesa? Corneille o Voltaire, el protegido del temible Cardenal Richelieu.

Pero homologar cartas, ideas sueltas en papeles que escribió el viento es una tarea ardua porque todo, debe pasear por el Director de la Academia Francesa, Víctor Hugo Vieyra (se agradece su presencia y actuación). Las Academias arman cánones, sacralizan, institucionalizan, marcan el paso, nos dicen qué es lo que se convertirá en gloria y silenciosamente desechan por muchos años, aquellos artefactos artísticos o científicos que cambian o podían cambiar la visión del mundo.

En este triángulo que trata con afanosamente de encontrar la verdad, de por un lado comprar el material que develará esos equívocos o de desecharlos porque se caen las estructuras abonadas con siglos de canonizaciones dudosas, el texto de Papatino encuentra su sustancia más lograda. No sólo por la calidad poética de poner en cuestión a “la verdad” sino porque además interpela desde todos los ángulos, un director buscando desesperadamente acabar con los equívocos, un traficante de papeles que también será un experto perito, un enorme trabajo de Miguel Longueira  (quien se desdobla en dos personajes) y el Director nada menos que de la Academia.

Todo bajo el amparo de la simulación, ya lo dijo Baudrillard, “simular es fingir tener aquello que no se tiene” y ninguno de los tres personajes tiene la verdad y todos la tienen porque es relativa, inconsistente, inacabada y manipulable. Los tiempos modernos demuestran que una mentira bien armada pude más que la verdad más contundente y totémica del mundo.

Somos humanos que a veces tapamos el engaño, porque necesitamos creer, en Dios, en la literatura, en la filosofía o en nosotros mismos. ¿Qué mayor triunfo para asentarse en el propio yo que pretender tener la verdad?

Un sillón central como la Academia  y dos espacios como salas de estar al extremo del escenario son suficientes para que Enrique Dacal, arme la constelación verdad/ falsedad con cambios de tonos, registros y matices que ameritan el aplauso final. Escenografía de Julieta Capece que logra hacer más con menos en una temporalidad “otra” pasada que hoy no permitiría atribuir a Borges, esos aforismos de café que supimos ver desde el Poder hace dos años.

Ojalá podamos seguir teniendo textos cuidados y bien escritos como el de Papatino y puestas en escena y dirección como la de Dacal que están al servicio del actor y no de la gloria o la verdad, el verosímil es lo único que importa en teatro, si se logra, el resto llega por añadidura.

 

 

Ficha Artístico/técnica

Autor: Enrique Papatino
Intérpretes: Manuel Longueira, Marcelo Nacci, Víctor Hugo Vieyra
Vestuario: Julieta Capece
Escenografía: Julieta Capece
Asistencia de dirección: Paula Colombo
Producción ejecutiva: Paula Colombo, Cecilia Larumbe
Puesta en escena: Enrique Dacal
Dirección: Enrique Dacal

TEATRO PAYRÓ

San Martin 766

Capital Federal - Buenos Aires - Argentina

Reservas: 4312-5922

Web: http://www.teatropayro.com.ar/

Entrada: $ 300,00 / $ 250,00 - Viernes - 20:30 hs

 

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