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teatro » nota

Críticas | Publicado el 20 de febrero de 2020 a las 02:48 hs.

Escritor Fracasado, sin límites para brillar

La puesta dirigida por Marilú Marini, adaptada por ésta y Diego Velázquez, encuentra en la actuación de éste último, todo lo que los que vemos teatro deseamos presenciar, disfrutar, teorizar pero es de una magnificencia que se torna inefable ponerle palabras. En Espacio Callejón los sábados a las 20 hs.

 

Por Teresa Gatto

"El monstruo es la individualidad absoluta. […]
Ese dispositivo de consciencia que pretende asistir
 a su propio espectáculo, el lenguaje que quiere hablarse
 a sí mismo, en una palabra, el Monstruo.
Ese dispositivo mismo es el Monstruo"
Aira, César, « Arlt », in Paradoxa, n°7, Rosario: Beatriz Viterbo, 1993.

 

Me inquieta el sujeto de bata, medias de seda cuasi engomadas, que está recibiendo al público, se saca fotos y posa. Posa como posaría Oscar Wilde o como posaría Roberto Arlt con una sonrisa farsesca y burlona. Una sonrisa y un afrancesamiento que  trata de complacer a su espejo y a los parroquianos que decidieron ir a ver Escritor Fracasado.

Entro última y posa para mí, pregunta si hay algún periodista y asumo mi rol de crítica, él (¿cuál de los dos?) pide que me pongan una silla en un mejor lugar frente a mí rostro estupefacto. Admiro a Diego Velázquez, desde siempre, pero a Diego Velázquez, no a este sujeto que desconozco y que de a poco se me hace familiar porque Arlt, logró exactamente lo que se proponía: construir desde la marginalidad (no borgeana) a un escritor que seguirá siendo descubierto sin cesar y varias veces conforme la Academia y su pacatería, vayan muriendo de viejas. Hace añares que Arlt es Arlt.

Y ya no nos interesa todo ese artefacto que el mismo construyó acerca de sus capacidades y limitaciones. Dice Aira en otro párrafo de su “Artl” que para construirse como mito el escritor debe morir. Al escritor de El Juguete Rabioso le costó unos años más, no alcanzó con partir a los 42 años, hubo que leer y leer sesudamente a las vanguardias (ya museificadas), a los de Boedo y a los de Florida y así empezar de desmembrar una literatura  en la que lo vanguardista es el procedimiento.

Del mismo modo lo nuevo, lo mágico, lo esplendoroso de Escritor Fracasado es el procedimiento por el cual, en la adaptación de Marilú Marini y el propio Velázquez, lo nuevo es la puesta en abismo permanente de dos seres: el Velázquez personaje y el narrador de Escritor Fracasado. Su simbiosis alcanza momentos de tal extrañamiento que el espectador se pregunta frente a quién está. Sus modales, sus poses, sus modos de reclinarse en un canapé o de acomodarse la bata, jamás se salen de lo previsto para quién esta re-presentando con hilaridad las más de las veces, esa desdicha del no-reconocimiento.

Puede interrumpir sus alocuciones porque sonó un celular o porque me ve sacándole una foto y me espeta a viva voz:

  • ¿Me sacaste una foto? ¿Yo estoy hablando de mi desgracia y vos me sacas una foto? Para luego, atemperarse y halagarme diciendo: ¿Vos eras las crítica no? Y ante mi asentimiento, agregar, que por supuesto,  soy bienvenida en la sala
  • No me avergüenza la mirada de toda la platea si me recibió en calzoncillos.

Tengo ganas de gritarle, yo te leí todo Robertito y no te creo ni esa bondad, ni esa dulzura, ni esa paciencia porque siempre fuiste misógino y yo ya tengo cara de suegra.

Pero estoy deslumbrada porque ambos siguen como si nada pasara. Lo admiro más, si me hubiera echado de la sala, lo seguiría admirando.

Trato de mensurar el trabajo que llevó esta adaptación. Trato de saber cuánto tiempo le tomo a Diego Velásquez ser el personaje Velázquez y el personaje del Escritor Fracasado. No debemos pensar esas cosas durante la función. Pero no puedo menos que avizorar que aunque conozca muy bien los materiales con los que trabaja (su trabajo en ficción televisiva fue notable) aquí está sin red. Esto es teatro, no hay toma dos. Insisto, no hay un solo ser del personaje, hay dos que en un desdoblamiento milagroso, va del lenguaje del ahora al del tiempo de la escritura arltiana.

Y el escritor también está sin red, escribió un éxito y ahora la angustia de la hoja en blanco lo deja frente a una multitud que también asiste a la creación no ya de un libro, sino de un artefacto teatral que está plagado (victoriosamente) de nuevos procedimientos, que abjura del realismo, del estructuralismo y que con un lenguaje coloquial que pudo hablarse en la década del ’20 o ’30, también tiene permiso para hacer guiños al hoy, al ahora. A la catástrofe que es un Teatro Nacional como el Cervantes que es pura fachada, como el éxito, como la gloria, como los premios. Incluso como el olvido. Seguimos revisando a Arlt.

La mejor manera de acercarse a Roberto Arlt sin un solo prejuicio de los que circularon durante su vida y en los primeros años posteriores a su muerte es ver esta puesta que mira de frente a la ficción de la ficción. Que se vuelve metaliteraria y metateatral y que pone en escena a un actor que convalida aquello de que el espacio escénico se recorre todo o se achica, que los trastos se usan o  se van, que el vestuario no debe estar enfermo, sino por el contrario, debe coadyuvar a la diégesis. Tampoco es azaroso que la iluminación, el vestuario, la escenografía y el Arte estén a cargo de Oria Pupoo, que sabe componer un todo significante y  homogéneo para un sujeto heteróclito y singular. La música de Nicolás Sorín se agradece porque se transforma en un signo sutil que no dispersa.

No hay objeto que Velázquez personaje y el Escritor Fracasado no utilicen para hacer una metonimia de lo que allí sucede. No es casual que la obra esté hace años en cartel y que el público colme la sala y aplauda sostenidamente de pie.

La puesta dura 70 minutos, para mí fueron 7. Quisiera verla sin el peso que supone una observación que a la postre no dice demasiado porque lo que se hace en escena es inefable por excelso.

Arlt desde su cosmos a veces socialista y a veces anárquico sentiría que tal vez, la modernidad y el trajín de este Siglo demente, no están tan malditos. Pero seguiría pretendiendo que es un Monstruo como dice César Aira, más arriba.

 

Marilú Marini y Diego Velázquez

Ficha Artístico/Técnica

Autor: Roberto Arlt
Adaptación: Marilú Marini, Diego Velázquez
Actúa: Diego Velázquez
Vestuario: Oria Puppo
Escenografía: Oria Puppo
Iluminación: Omar Possemato, Oria Puppo
Música original: Nicolás Sorin
Arte: Oria Puppo
Asistencia de escenografía: Martina Nosetto
Asistencia de vestuario: César Taibo
Asistencia de dirección: Matías López Stordeur
Producción: Santiago Carranza
Colaboración artística: Ernesto Donegana
Dirección: Marilú Marini

Duración: 70 minutos
Clasificaciones: Teatro, Adultos

ESPACIO CALLEJÓN

Humahuaca 3759
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina

Teléfonos: 4862-1167
Web: http://espaciocallejon.com/
Entrada: $ 400,00 - Sábado - 20:00 hs - Hasta el 29/02/2020

 

Entrada: $ 500,00 - Sábado - 20:00 hs - Del 07/03/2020 al 28/03/2020

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