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teatro » nota

Críticas | Publicado el 27 de septiembre de 2018 a las 21:24 hs.

Ya no tengo la dulzura de tus besos

La puesta escrita y dirigida por Juan Carrasco apela a un tema inmortal: el amor y tiene como condición de posibilidad de narración y re-presentación al tango, dos maravillosas intérpretes y un viaje a un día histórico del pasado que conmueve profundamente.

Por Teresa Gatto

 

¡A ver, mujer! Un poco más de ron
y ciérrate la bata de percal
que vi tu corazón
desnudo en el cristal,
temblando al escuchar
esa canción...

Una canción- Catulo Castillo

Hace muchos años el psicoanalista Juan Dobón escribió “Psicoanálisis del tango”. Elegía, nada azarosamente, letras en las que se mostraba algo que él resumió como “el tango es un tratado sobre la Histeria porque está escrito por un neurótico obsesivo”. Evidentemente las letras tenían como protagonistas a aquellas Colombinas de la  anoche de Carnaval, a las Papuzas, a las que regresaron con ese vestidito, a las del rencor mi viejo rencor, a María, la más mía, la lejana, a las que podían volver por las calles del adiós o no regresar nunca por taimadas o ambiciosas.

Pero hay más en el tango y aunque, el texto es esclarecedor, quedaban fuera aquellos de amores felices, las milongas y valses. Hay historias, tópicos que no tienen que ver con abandonos y mucha filosofía de café, tirada en la mesa junto al papel del terrón de azúcar que al lado de algunos que filosofan el entusiasmo de hoy son compendios de vida.

Pero veamos: corre 1935,  Radio Splendor está buscando una cantante de tangos para el spot del Jabón Pompidour. Y como bien señalaba el Maestro Osvaldo Pellettieri, se produce el teatro de encuentro.

Estamos en un estudio de radio y el maravilloso guitarrista interpretado por Jorge Federico Mobili, está tirando unos acordes, mientras se escucha de fondo ese ruido característico de las radios a la galena, la fritura o falta de sintonía va y viene y  llega ella, apodada Margarita -estupendo trabajo de Malena Rossi-. Viene a probarse para el casting de la voz del Jabón famoso, está ataviada como una chica de clase media alta. Luego sabremos el porqué. Se le nota un optimismo de la voluntad, una esperanza en el futuro que es contagiosa. Ama la radio, su compañía de cada día. Canta un fragmento y bajan los ángeles.

Pero el encuentro es con Aída, (también apodo) su contrapunto ( un trabajo excelente de Lía Viñao). Y si el término  contrapunto en lenguaje musical es la relación que se genera entre dos líneas melódicas, Margarita y Aída configuran la relación que se genera entre dos modos de ver el mundo, entre la experiencia y la candidez, entre la esperanza y cierta aceptación de haber vivido mucho. Tal es el caso de Aída que sin ser una mujer mayor lo ha pasado todo. Cuasi analfabeta en la lengua, cuasi sabia en la vida. Dos mujeres, dos estilos, un destino.

Entre los tangos que deleitan al espectador no falta la pausa para que cada una cuente fragmentos de su vida. Destino de mujer de la década del 30’ en la que los derechos eran casi inexistentes. Puntos de contactos de las mucamas que calladamente soportan abusos de los hijos de sus patrones o de sus patrones cuando a la señora le duele la cabeza. Calladamente cada noche, para no perder eso que denominan trabajo y consiste en juntar el residuo de las vidas bien de familias mal. Aída después de haber conocido la gayola, trabaja en un frigorífico, operaria, consciente de su clase.

Margarita, en realidad Filomena, Aída, en realidad Concepción, tienen una sola rendija de alegría, su amor por un hombre. No pudo/pudieron  acompañarlas a esta instancia que podría cambiarles la vida. Pero en el contrapunto que representan una como si fuera la Maizani y  otra como si fuera la Simone, forma parte lo que él/ellos sentirían con su triunfo y los orgulloso(s) que se pondría/pondrían si ganaran el concurso, la fama y los escenarios. Aída podría  dejar el frigorífico y Margarita ya no debería ir vestida con la ropa que le prestó la patrona “que seguro estará escuchando cuando audicione en directo" piensa ilusionada.

Si bien el tango es el pivote que, significante, moviliza la acción, es no menos cierto que éste se pone a disposición de la narración para mostrar cómo la vida da vueltas y vueltas y se pega el porrazo.

Deliciosamente interpretados los tangos de la pulseada salen magníficos (ambas actrices lo hacen muy bien) sólo un detalle molesta y mucho: que él/ellos, tengan tanto en común. Después de todo un hombre en 1935 es una promesa para salir de una soledad injusta.

La escenografía diseñada por Facundo Bonamico es lo suficientemente significante y minimalista para que todo el lustre se los lleven los tres protagonistas. El diseño de vestuario de Pablo Juan, también establece el contrapunto entre propio y prestado, lo lujoso y lo humilde. No se parecen en nada y sin embargo…

El diseño de sonido acierta en todas las facetas porque Rodrigo H. Donato, apuesta a lo relevante y gana.

El texto es una demostración de que Juan Carrasco no sólo es un gran actor, sino además un sensible dramaturgo y un buen director de los materiales con los que trabaja, que son de su cosecha.

Pero esta historia sigue y aquella histeria de la que hablaba Juan Dobón no es sólo de las mujeres. Hay que llegar al final de ese 24 de junio para escuchar la última noticia tan inminente como aquel tema que cantaba el varón del tango, Julio Sosa, “No nos veremos más”

 

 

Ficha Artístico/Técnico

Autor: Juan Carrasco

Actúan: Jorge Federico Mobili, Malena Rossi, Lía Viñao

Voz en Off: Mirta Busnelli, Jorge Federico Mobili

Diseño de vestuario: Pablo Juan

Diseño De Sonido: Rodrigo Hernán Donato

Realización de escenografía: Facundo Bonamico

Diseño gráfico: Manuel Quintana

Asistencia de dirección: Azul Carrasco

Producción: Domènica Producción Teatral

Dirección: Juan Carrasco

NOAVESTRUZ ESPACIO DE CULTURA

Humboldt 1857

Capital Federal - Buenos Aires - Argentina

Teléfonos: 4777-6956

Web: http://www.noavestruz.com.ar

Entrada: $ 250,00 - Viernes - 22:30 hs - Hasta el 26/10/2018

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