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teatro » nota

Críticas | Publicado el 04 de junio de 2018 a las 21:25 hs.

El ocaso de un estafador

La adaptación de "Juan Gabriel Borkman" de H. Ibsen, realizada por Marcelo Velázquez y Edgardo Moreira y dirigida por el primero, lleva a escena un Ibsen aggiornado pero no ausente. Dando muestras de cómo los clásicos pueden seguir aportando reflexiones.

Por Teresa Gatto

¡Pérdida sobre pérdida!
 ¡El ladrón ha partido con tanto,
y ha sido necesario dar tanto para encontrar al ladrón
y ninguna satisfacción, ninguna venganza,
ninguna mala suerte para otras espaldas que estas mías,
ningunos otros suspiros que los que yo lanzo,
ningunas otras lágrimas que las que yo vierto!
El Mercader de Venecia- W. Shakespeare

 

No por menos conocida Juan Gabriel Borkman, en Buenos Aires, El ocaso de un estafador, versionada por M. Velázquez y E. Moreira, es una obra menor.

Algo de lo que Ibsen se ha planteado sobre el dinero, el rol de la mujer y la pobreza, reside en este Gabriel o Gaby, que ha sido gerente de un banco tal como Thorvald, en Casa de Muñecas. Aunque hoy un gerente pueda ser una marioneta, todos sabemos lo que representaba en el S. XIX, un gerente de Banco o un Asesor de Finanzas.

Gabriel ha timado a todos o a casi todos. Vive apartado luego de 7 años de cárcel en el piso superior de su casa y su esposa Brunilda habita abajo, con la venganza a flor de piel y la necesidad imperiosa de rehabilitar el nombre de su familia a través de su hija Ana (en el original Erhart, un varón).

Algo del orden de la puesta en escena, lograda, nos da la sensación de que estos últimos años han sido eternos y en el mismo orden la llegada de Ema precipita cuestiones que están además, rodeadas del tono de la guerra. La adaptación remite a días cercanos al 9 de abril, cuando las tropas nazis penetraron en Noruega, quebrando su neutralidad en la contienda. Los nazis necesitaban hierro, justamente lo que sobraba en el país escandinavo.

Otra vez, Marcelo Velázquez decide por un dispositivo escénico audaz y  nuevo. Porque es casi una puesta en abismo de lo narrado. Cárcel para todos y a caída libre cerca del límite. En una excelente factura de Ariel Vaccaro, los personajes se debaten en sus minuciosas y dolientes angustias. Pero no salen, salvo Ana. Brunilda, interpretada como una fiera por Mónica Salvador exuda odio y venganza que se exacerban con la llegada de Ema, Silvia Pérez, con un registro correcto que jamás se va de tono y es el opuesto perfecto a Brunilda. Ambas mujeres tienen cuentas pendientes, Borkman hundió a todos menos a Ema, quién crio y le dio estudios a Ana, ese gesto es el único que tuvo con la mujer que supuestamente amaba y que ahora cerca del final regresa a disputar una maternidad adquirida con Brunilda que no está dispuesta a renunciar a nada.

Borkman no baja de su encierro, recibe hasta comida del único amigo que le queda Guillermo, en un espléndido trabajo de Alejo de Santis.

El espacio escénico, nunca burlado por sus protagonistas es una verdadera ostra. Con su capa superior e inferior en la que residen los personajes pero cerrada en sí misma hasta casi el final.

La disputa sobre Ana, que ejercen las mujeres, la diezmada salud de Ema que se la quiere llevar para no estar sola en su final, no amedrentan a la joven que no elige por nadie de su familia y sorprende a todos con una opción distinta y muy valiente para su época.

Aquí Ibsen y los adaptadores, hacen una verdadera reivindicación de género que no sólo se agradece desde la platea sino que es a la postre, la verdadera Historia Grande de muchas mujeres que decidieron que la Libertad, la Justicia y las Diferencias deberían ser abolidas en ese mundo en Guerra. Así Denise Gómez Riveros se calza el traje de Ana y muta de la dulce jovencita que se divierte (creemos) en la casa de al lado, en la de los ricos, en los la de los que supieron aprovechar en su momento,  en la que su madre cree que están todas las reivindicaciones,  para vestir de mujer con todos los atributos de una futura heroína.

Por su parte Edgardo Moreira, como Juan Gabriel o Gaby, modera sus intervenciones hasta el punto justo en que el estallido del ser de su personaje lo hace necesario. Atrás van quedando las multitudes que en el fondo del escenario muestran en un excelente audiovisual, lo que acontece en ese mundo el día 9 de Abril de 1940. Atrás quedan las ensoñaciones de la máquina de contar los billetes que se robó y como el enorme megalómano que es, rompe la cuarta pared y se exalta y exalta al público con lo que querríamos ver a diario: Villanos Al Fin Vencidos. Villanos que no pueden dormir y por eso no pueden soñar.  Quebrados del dolor de una vigilia alucinante y alucinada,  ya no pueden volver el tiempo atrás. No hay Gloria para los Borkman de este mundo. No hay otros aplausos para los que se calzan esa piel de zapa, que los que el público le regala por su trabajo magnífico.

 

 

 

Ficha Artístico/Técnica

Versión libre de la obra “Juan Gabriel Borkman” de Henrik Ibsen: Marcelo Velázquez/Edgardo Moreira.
Dirección Marcelo Velázquez. Producción Juan Iacoponi
Elenco: Edgardo Moreira, Silvia Pérez, Mónica Salvador,  Denise Gómez Rivero, Alejo De Santis.
Escenografía Ariel Vaccaro
Diseño sonoro Alejandra D’Agostino/Sebastián Pascual
Vestuario Paula Molina
Iluminación Alejandro Le Roux
Fotografía Manuela González Mendiondo / Alejandra Villers
Diseño audiovisual Sebastián Pascual /Alejandra D’Agostino
Diseño gráfico Nahuel Lamoglia
Prensa We Prensa & Comunicación
Producción ejecutiva Lucía Asurey y Paula Uccelli
Asistencia de dirección Sofía Nemirovsky

Funciones

Centro Cultural San Martín
Sarmiento 1551 CABA
martes de mayo   20:30h / ?martes y miércoles de junio y julio  20:30h 
última función martes 31 de julio   20:30h 
entrada $200 /estudiantes y jubilados con acreditación $160
en venta en el Centro Cultural

4374-1251/59 (int boletería: 2241)
venta online
www.tuentrada.com

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