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teatro » nota

Críticas | Publicado el 29 de noviembre de 2017 a las 18:10 hs.

Lo inefable de los nazis que retorna como pesadilla

Las mujeres de los nazis, Trilogía escrita por Héctor Levy-Daniel, alcanza una nueva dimensión en la puesta de Martín Ortiz, con espléndidos trabajos actorales. En el Crisol teatro, los sábados a las 22 hs.

 

Por Teresa Gatto

 

"En la memoria congelada el pasado no es sino pasado.
En cambio, la temporalidad interna y la política de la memoria del Holocausto,
 aunque hablen de tiempos pretéritos, deben estar orientadas hacia el futuro. El porvenir no habrá de juzgarnos por olvidar, sino por recordarlo todo y, aun así, no actuar en concordancia con esos recuerdos"
Andreas Huyssen- En busca del futuro perdido

Hace 10 años aproximadamente estas tres piezas que conforman un todo en un patrón de lo indecible, fueron dirigidas por tres directores pero escritas por una sola pluma, la de Héctor Levy-Daniel. Hoy Martín Ortiz acomete la tarea de re-presentarlas ya no como un desafío sino más bien como un modo de presentificar no sólo una poética de la Shoah que  indagó la Historia Negra del Martirio Judío sino como una nueva reflexión acerca de los vínculos que sujetos femeninos activos en términos de colaboración, tuvieron en aquella pesadilla.

Las Mujeres de los Nazis es algo más que una trilogía, es algo más que un soporte textual para narrar y escenificar el espanto. Estas mujeres son condición de posibilidad de abrir caminos subyacentes, incluso a sus propias existencias. Reitero esta frase de José Emilio Pacheco en Morirás Lejos: La sola existencia de Hitler no justifica el nazismo.

Las tres obras: La inquietud de la señora Goebbels, La convicción de Irma Grese y El dilema de Geli Raubal, componen un todo que podría exhibirse por separado pero que asume potencia escénica cuando esas piezas breves pero demoledoras, se exhiben en conjunto.

La inquietud de la señora Goebbels, anclada en el fantástico, pone en escena a Marcela Arza, que como la inefable Magda Goebbels se encuentra con un antiguo amor en la piel de Matías Castelli. Es un encuentro hacia ninguna parte. Un tren que no tiene destino casi como la esa eliminación del destino de los judíos en traslado. Magda que fue nombrada la mejor Madre del Tercer Reich, no recuerda nada o sólo aquello que el horror le permite recordar. Esa misma madre condecorada por el monstruo asesinó a sus hijas y se suicidó luego junto a su esposo. Esto es anécdota. Lo interesante es la negación de la maldad. El olvido del nombre de sus hijas, la sucesión de desastres a los que asistió complacida olvidando que alguna vez su carne se fusionó con la de un judío que luego se convirtió junto a su pueblo en el mal absoluto a exterminar. Los diálogos, encriptados pero potentes, los hacen jugar una partida de ping pong en la que nadie gana. Durante el régimen perdieron sólo los judíos, luego la humanidad toda porque el fracaso más absoluto de la modernidad ha sido y seguirá siendo este genocidio sin precedentes que dio origen tal vez, a otros menos numerosos pero que intentaron perfeccionarse en las Artes del Mal. Buenas actuaciones y un clima que se puede tocar por lo espeso y neblinoso del recuerdo, la ausencia de estación para apearse y aquellos olvidos selectivos que Magda incluso muerta, elige para humillar a un hombre que la amó.

La convicción de Irma Grese, Irma asiste a Mengele. Escalofriante privilegio. El dispositivo escénico que se reitera en las 3 puestas consiste solamente en sillas que de rostro al público parecen usarlo de tribunal. Irma ha sido sádica, monstruosa y una de las más jóvenes condenadas por sus crímenes. Junto a ella y cruzando los discursos se halla Albert Pierrepoint quién será su verdugo y que desde afuera del espanto ha venido a hacer su labor. Un personaje cargado de dolor, el de Gisella Per, prisionera judía que sobrevive con una única misión, hacer los abortos de las mujeres que serán asesinadas cuando su embarazo sea descubierto. Este trío que expone sus miserias deseadas y odiadas pone en jaque muchas nociones éticas. El aborto, tan discutido sin rumbo en estos días es, para Gisella Per la única opción de sobrevida de esas mujeres pero es una liberación anticipada para los niños que llegarán al mundo en un campo en el que nada bueno les aguarda. Encarnada de modo excelente por Viviana Suraniti, el personaje exhibe la congoja perpetua de la eliminación de esas que podrían haber sido sobrevidas, jamás vidas. En los campos la palabra vida siempre estuvo negada. Ortiz los hace jugar en un trío en el que Irma y Gisella están tensionando una situación que parece no atravesar a Pierrepoint, que sentado en  medio de ellas, en el cuerpo de un espléndido Francisco Civit, mantiene una neutralidad abrumadora. No lo rozan ni los argumentos de Sandra Criolani, en una gran construcción de su Irma Gresse ni los de Gisella. Como una metáfora de la guerra, se encuentran los vencidos y los neutrales porque en términos de Humanidad, Alemania perdió esa guerra pero el resto no ganó nada. Perdió para siempre la esperanza de que semejante atrocidad no se repita.

El dilema de Geli Raubal. Sobrina de Hitler en grado segundo, Geli tiene la desdicha de quedar a merced del tío Adolph. Marcela Fraiman cumple sobradamente su labor. Su Geli es bella, tierna, joven pero algo del orden de lo histérico le sale por los poros. No importa que se enamore de Maurice,  no importa que la alejen de él. Hitler cierne sobre ella un cerco inviolable pero Geli es acosada por el Poder de ese hombre infernal y por su madre, Elfriede, que en una excelente labor de Cecilia Labourt,  recuenta aquellos días en los que la decisión no debía ser un dilema. Esteban Ciulla como Maurice, logra representar esa impotencia a la que no hay modo de satisfacer dándole fin. El dilema de Geli tiene un solo punto de resolución.

Lo cierto es que además de un texto excelente, la puesta de Martín Ortiz tiene de novedoso su modo minimalista de exhibir estas calamidades, la muy buena dirección de actores y la ausencia absoluta de manipulación sonora o lumínica al espectador, sólo lo indispensable. De este modo, conociendo ya la obra en texto y texto espectacular, no es aventurado proclamar desde aquí que “uno nunca sabe el pasado  que le espera” como dice J. Golding. Porque hoy, esta crítica no tiene un solo ápice de compasión por las Mujeres de los Nazis y sólo salva a Gisella Per, involuntaria partera abortista, porque hoy también las mujeres necesitan abortar por otras razones.

Magda, Irma, Geli y Elfriede, pueden haber sido víctimas de un sistema patriarcal que las obnubiló. Pueden haberse visto deslumbradas por un poder que les devino de sus hombres, pueden haber creído ciegamente en un líder pero jamás se las puede ex culpar de haber sido amantes, esposas, enfermeras de los asesinos más numerosos de la Historia que dejaron una huella nefasta en sociedades como la nuestra, nuestra ética debería ser el stop que acelere nuestro fin.[i].

 

 

[i] Esta nota fue escrita el día 5 de noviembre de 2017. Hoy 29 de Noviembre finalmente parece llegar a su fin la Megacausa ESMA y Alfredo Astiz y Horacio Acosta han sido condenados a Prisión perpetua.

 

Ficha Artístico/Técnica

Autor: Héctor Levy-Daniel
Actúan: Marcela Arza, Matías Castelli, Esteban Ciulla, Francisco Civit, Sandra Criolani, Marcela Fraiman, Cecilia Labourt, Viviana Suraniti
Vestuario: Jorgelina Herrero Pons
Escenografía: Jorgelina Herrero Pons
Iluminación: Eduardo Safigueroa
Maquillaje: Leticia Chirieleison
Realización de vestuario: Traipi
Fotografía: Gabriel Reig, Eduardo Safigueroa
Diseño gráfico: Francisco Civit, Sandra Criolani
Asistencia de dirección: Nadine Cifre, Grace Ulloa
Puesta en escena: Martin Ortiz
Dirección: Martin Ortiz

Obras que forman parte de este espectáculo:

La inquietud de la Sra. Goebbels

La convicción de Irma Grese

El dilema de Geli Raubal

 

EL CRISOL

Scalabrini Ortiz 657

Capital Federal - Buenos Aires - Argentina

Teléfonos: 47738519

Web: https://www.facebook.com/teatroelcrisol

Entrada: $ 200,00 / $ 160,00 - Sábado - 21:00 hs - Hasta el 02/12/2017

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