Buscar

teatro » nota

Críticas | Publicado el 10 de octubre de 2017 a las 19:59 hs.

Edipo Rey: la tragedia hoy

Con una impronta personal, esta versión sigue hablando sobre la irreversibilidad de los destinos y teje una vez más aquella advertencia siempre latente: cualquier hombre poderoso y afortunado puede convertirse de la noche a la mañana en un mendigo, un pobre ciego o un exiliado. La nueva versión en manos de Jorge Vitti puede verse los viernes y sábados a las 20 hs. en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543).

Por Laura Gómez

¿Por qué una obra de teatro se convierte en clásico? ¿Cómo es que una tragedia griega deviene universal? Sófocles escribió Edipo Rey en alguna fecha cercana al 430 a.C. ¿Por qué razones su texto puede seguir representándose aún hoy, en 2017, sobre un escenario de Buenos Aires? 

Una parte de ese porqué reside en el texto monumental amasado por el dramaturgo griego siglos atrás; otra parte emerge de las habilidades interpretativas de quienes reviven hoy esta tragedia para nosotros, de los cuerpos que encarnan las tramas de antaño, los asuntos que desvelaban a los hombres de aquella época y que aún hoy siguen inquietándonos.

Edipo (Fabián Vena) está en el momento de su mayor apogeo como rey de Tebas, pero la ciudad ha sido  afectada por una peste, y se sabe que un (buen) gobernante no puede dormir tranquilo si su pueblo sufre alguna clase de padecimiento. Es por eso que el monarca envía a su primo Creonte (Alfredo Castellani) para que consulte el asunto con el Oráculo de Delfos. La respuesta con la que regresa a la corte está directamente conectada a la muerte de Layo, antecesor de Edipo en el trono, que deberá ser vengada con la muerte o el exilio del perpetrador del crimen. Pero… ¿quién es? De ello depende el destino de Tebas.

Edipo está dispuesto a resolver el dilema y reúne a los tebanos para rogarles que cooperen con el esclarecimiento del crimen. El monólogo inicial en boca de Fabián Vena hace estallar la cuarta pared en mil pedazos con una potencia dramática admirable y, sin dudas, no tiene desperdicio. La solvencia con la que este (pequeño) actor llena el escenario es digna de ser vista y celebrada; su voz inunda la sala del CCC y revisita lo trágico de ayer y siempre.

Por momentos el texto resuena con una actualidad escalofriante que nos recuerda por qué se trata de un clásico: «Defendiendo al muerto me defiendo a mí mismo y a los dioses». La figura del otro y la inevitable empatía emergen de inmediato, y en el mismo planteo escénico se produce el encuentro de miradas entre Edipo y su Tebas, el monarca y su pueblo, el actor y su público: teatro/mundo, arte/vida.

El diálogo entre Edipo y el adivino Tiresias (Willy Lemos) está teñido por un lenguaje críptico y trae consigo los peores vaticinios. La opacidad de los oráculos y adivinos en las tragedias griegas es proverbial: ellos jamás son claros o directos, en cada frase mora la metáfora, en cada predicción subyace un segundo sentido y la comunicación se torna acto imposible. Entre múltiples polisemias y ambigüedades varias, Tiresias da a entender que Edipo es el asesino y ha vivido engañado toda su vida: él no es hijo de quienes creía sus padres (otra gran resonancia en el salón de nuestra propia historia nacional), no nació en Corinto, no es extranjero en Tebas, su esposa es su madre y sus hijos —a la vez— sus hermanos. ¿Cuántas revelaciones puede soportar un hombre, aún cuando se trate del más poderoso sobre la Tierra? Ante tal panorama, Edipo prefiere creer en la teoría de una conspiración urdida entre Creonte y Tiresias para destronarlo.

En medio de la disputa familiar emerge la figura de Yocasta (Alejandra Darín), quien interviene como mediadora restándole importancia al rol de los oráculos y señalando los errores cometidos en las predicciones sobre la muerte de Layo. El resto se conoce o al menos puede tocarse de oído: ante la mención casi inadvertida del asesinato del antiguo monarca en un cruce de tres caminos, Edipo cae en la duda y comienza a atar cabos. Descubre para sí mismo el secreto y elige revelar al pueblo tebano la verdad más cruda: él es el asesino buscado y eso lo convierte en parricida. Es notable percibir la sorpresa que se genera en el público, aún cuando todos conocen el desenlace de esta historia: mérito de los actores.

En este punto, podríamos permitirnos a modo de digresión un diálogo con otra obra actualmente en cartel: Tebas Land de Sergio Blanco. Allí el dramaturgo franco-uruguayo introduce un matiz en esta tragedia a través del planteo de uno de sus personajes: ¿Edipo es un auténtico parricida? En el momento en que mata a Layo, él no sabe que se trata de su padre e incluso cree estar huyendo de ese destino de parricida decretado por el oráculo. Es una pregunta válida que al menos puede dejarse en suspenso.

Con respecto a la puesta dirigida por Jorge Vitti, cabe destacar que no cualquier elenco está a la altura o en condiciones de llevar adelante una tragedia griega de tamaña envergadura y resonancia. Vitti, sin embargo, ha logrado reunir a un equipo de gran nivel donde cada integrante aporta lo suyo y hace de esta versión algo memorable. A los actores ya mencionados habría que agregar a Juan Carlos Ricci como mensajero de Corinto, Cutuli como el criado de Layo, Gus Bassani como Corifeo y Alejandro Gallo Gosende como mensajero de la casa.

Uno de los puntos a destacar de la puesta es el diseño de iluminación en manos de Gonzalo Córdova, que sin dudas contribuye a reforzar las ideas que giran en torno al cruce de destinos. Otro recurso interesante es el empleo de una voz de rap (Inti Rap) entre escenas, que trae los ecos de la contemporaneidad y dialoga de algún modo con el eterno Sófocles desde nuestro presente.

Con una impronta personal, esta versión sigue hablando sobre la irreversibilidad de los destinos y teje una vez más aquella advertencia siempre latente: cualquier hombre poderoso y afortunado puede convertirse de la noche a la mañana en un mendigo, un pobre ciego o un exiliado. Del oráculo no se puede escapar, y para comprender algo del presente resulta inevitable visitar al pasado y atar cabos.

Ficha Artístico/Técnica

Adaptación/Versión: Jorge Vitti
Actúan: Gus Bassani, Alfredo Castellani, Cutuli, Alejandra Darín, Alejandro Gallo Gosende, WillyLemos, Juan Carlos Ricci, Fabián Vena
Coros: Coro Municipal De Camara Ernesto Storani De Lujan
Voz en Off: Inti Rap
Diseño de vestuario: Natalia Queirolo
Diseño de luces: Gonzalo Córdova
Diseño De Sonido: Gerardo Boglioli
Fotografía: Guido Adler
Comunicación visual Claudio Medín
Asistente de producción: Fiorela Gianuzi
Asistencia de dirección: Fiorella Camji
Prensa: Raquel Flotta
Producción ejecutiva: Fiorella Camji
Dirección de coros: Santiago Rosso
Dirección: Jorge Vitti

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543 
Capital Federal - Buenos Aires - Argentina
Teléfonos: 5077-8000 int 8313
Web: http://www.centrocultural.coop
Entrada: $ 300,00 / $ 250,00 - Viernes y Sábado - 20:00 hs - Hasta el 25/11/2017

Publicidad