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teatro » nota

Críticas | Publicado el 12 de julio de 2017 a las 17:09 hs.

El mal de la colina: El silencio es oro

El mal de la colina, dirigida y escrita por Héctor Levy-Daniel, se centra en un pequeño pueblo rural que linda, río mediante, con otro que ha sido atacado por una peste. Jueves, 20:30 hs. en No Avestruz (Humboldt 1857).

Por María Eugenia Serrano

 

Uno que se mudó a un pueblo apestado vuelve al pago a visitar a su amada; su mejor amigo se interpone entre ambos, excusándose en aquel mal sin causa conocida que condena al "extranjero" a ser un hombre peligroso; ella se mantiene íntegra por dentro pero no alcanza a prevenir el desenlace trágico. Un amor prohibido, una amenaza, un acto desleal. El mal de la colina, dirigida y escrita por Héctor Levy-Daniel, se centra en un pequeño pueblo rural que linda, río mediante, con otro que ha sido atacado por una peste. Una dramaturgia tejida con diálogos coloquiales y frases hechas, fáciles de asimilar, sin ambigüedades, narra mediante un relato invertido (comienza en el presente para llegar al origen del conflicto) una historia de pujas de poder.

Una luz tenue baña el escenario. A la izquierda, frente a las gradas, Eugenio Estela ejecuta una melancólica introducción con su violín. El sonido interpela al trío de actores y los pone en movimiento: esa danza inicial, hecha de muecas, tirones y empujes, nos anticipa los roles de cada vértice en un triángulo amoroso.

La escenografía minimalista de Alejandro Mateo presenta dos zonas claramente distinguibles: en la esquina derecha, entre dos paredes blancas, ocurren los diálogos y se desmenuzan los motivos de la tragedia; en la izquierda y el proscenio se construyen evocaciones, allí habita el músico y los actores danzan en silencio. En un esfuerzo de abstracción podría leerse más allá de lo que a primera vista se representa: esta historia de envidia entre hermanos es también una metáfora sobre la guerra de clases, de pueblos, de religiones que compiten, en lugar de por una mujer, por un territorio, por un recurso, por riqueza económica, etc.

Sorprende que, siendo de tan corta duración, El mal de la colina resulte poco dinámica. Esto puede deberse a que su argumento, mundano y sin grandes desafíos técnicos, esté ejecutado por actores que no están a la altura de sus parlamentos. Cada oración es dicha de modo sentencioso, como si se tratase de una revelación o un asunto de vital importancia, y esta acentuación vuelve monocorde el discurso. La tensión que propone acertadamente el violinista, entre trémolos y disonancias, parece no afectar en nada al resto de los intérpretes. En línea general el elenco adopta la forma cristalizada de sus personajes, pasando por alto situaciones dramáticas como el advenimiento de una peste o la aparición de un rifle en escena. Por ello se agradecen los interludios de danza en el proscenio, en los que los actores terminan teniendo mayor plasticidad y compromiso gestual que cuando interviene la palabra.

 

Ficha técnico artística

Dirección y dramaturgia: Héctor Levy-Daniel
Actúan: Francisco Prim,  Agustín León Pruzzo, Natalia Santiago
Música y ejecución en vivo: Eugenio Estela
Vestuario: Alejandro Mateo
Escenografía: Alejandro Mateo
Iluminación: Ricardo Sica
Fotografía: Camila Levy-Daniel
Diseño gráfico: Camila Levy-Daniel
Asistencia de dirección: José Guerrero
Clasificaciones: Teatro, Adultos
Duración: 40 minutos

 

NOAVESTRUZ ESPACIO DE CULTURA

Humboldt 1857 (CABA)

Teléfonos: 4777-6956
Web: http://www.noavestruz.com.ar

Entrada: $ 180,00 - Jueves - 20:30 hs

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