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teatro » nota

| Publicado el 16 de febrero de 2014 a las 18:07 hs.

Antígona Gloriosa

La versión libre de José Watanabe alcanza en el cuerpo y la voz de Ana Yovino una estatura resignificante que enaltece al teatro.

por Teresa Gatto

Y cuando cesa su mal después de un largo año,
le apresa otro tormento más cruel.
Hesíodo

Antígona, la opositora, la que decide quebrar una ley circunstancial proclamada por su tío y ahora Rey de Tebas, desaparecido su padre, muertos sus dos hermanos varones. Antígona, la opositora a la circunstancia, la que tributa honores fúnebres le pese a quién le pese. Esa oposición entre la ley del hombre y las leyes que considera divinas, son las que la convierten en un sujeto trágico.

Como señala Leandro Pinkler(*), el marco del problema de Antígona que desea darle a su hermano Polinices la misma honra fúnebre que recibió su otro hermano Etéocles, trasciende lo meramente jurídico para enfrentarnos a los límites del obrar humano, que por sus normales tendencias, se llamen como se llamen: osadía, soberbia o locura, tienen un final fatídico. Pensemos en Sófocles y su idea sobre los excesos.

En este tópico tan arraigado pero no siempre comprendido, se sitúa la obra de José Watanabe cuya versión libre está elaborada y entretejida sutilmente para una sola actriz.

Una sola actriz que deberá reponer al coro, a su tío Creonte, a sí misma, a su amado Hemón, a Tiresias, en fin, a toda la cosmogonía sofocleana que ronda sin césar las subjetividades a través de los siglos.

Nada hay en el escenario, su director Carlos Ianni opta por una serie de sogas, cuasi paralelas, en ellas se arraigan las nociones de justicia, dolor, obediencia/desobediencia, son los pilares flácidos en los que Antígona, en un trabajo excepcional de Ana Yovino, debe soportar la responsabilidad que, ancestral,  le ha quedado cuando sus hermanos se han matado entre sí.

Pero hemos visto y veremos muchas “Antígonas”, de hecho, la propia Yovino se ha sabido estrellar contra un horizonte de lanzas haciendo Antígona Vélez. Pero, el desafío que plantea este unipersonal es dilucidar a cada uno de los actores de esta tragedia en la voz y el cuerpo de un mismo sujeto. De una sola actriz.

Así, Yovino flexiona imperceptiblemente su voz para ser la narradora, la hermana justiciera del insepulto, para ser Creonte que no quiere dar marcha atrás porque debe hacer valer la palabra de un rey que, además, ha llegado al trono fruto de una tragedia basta y anterior. De la tragedia que ha dado vida a la heroína, los amores de su madre con su padre/hermano. Este sino trágico, que parece gritar aún hoy que las generaciones condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra, como dijo mucho después G. G. Márquez, obliga al ser de los personajes que Yovino compone, a desdoblarse de manera sutil, fugaz pero con una impronta inolvidable.

Cuando es Creonte, su voz adquiere la dimensión del autoritarismo, cuando narra, es una musa dulce que nos lleva por el sendero del cuento, cuando es Antígona adquiere la tragicidad que la ha puesto en este mundo y que no la abandonará hasta su última morada. Cuando es Tiresias adquiere el tono de la sabiduría del que, viéndolo todo más allá, pide prudencia, su tono es atinado y persuasivo. Cuando se pone en la piel de Hemón, suplica para que su padre, el rey, escuche a todos, para que el pueblo tenga justicia, para que su amada tenga la luz.

No es necesario nada más. Un texto de una poesía que Sófocles aplaudiría de pié y una dirección impecable hacen maravillas con una de las actrices más dúctiles y talentosas de su generación, Ana Yovino. Recuerde este nombre querido lector, recuérdelo.

Porque la tragedia dimensiona las posibilidades de un actor, lo sepulta sin honores o lo eleva de categoría y Yovino sale mucho más que airosa de esta puesta que, necesaria, debe tener una factura impecable, sino sería un intento más de tomarse de los clásicos, un fallido más de esos que solemos presenciar. Pero no, Watanabe, Ianni y Yovino hacen que el espectador asista como un recién nacido a una tragedia mil veces ya representada como si fuera la primera vez.

  

La crítica de Teresa Gatto corresponde a la función del día viernes 25 de octubre de 2013 realizada en el CELCIT

(*) Pinkler, Leandro, El problema de la ley en Antígona de Sófocles, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, 1998, españa. Enlace permanente: http://hdl.handle.net/10171/13691

Ficha Artística/Técnica

Antígona de José Watanabe
Versión libre de la tragedia de Sófocles
Con Ana Yovino

Fotos Soledad Ianni
Diseño cartel Agustín Calviño
Musicalización y diseño de luces Carlos Ianni
Escenografía y vestuario Solange Krasinsky
Asistente Soledad Ianni
Dirección Carlos Ianni

Sin intervalo
Duración: 60 minutos
Este espectáculo cuenta con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro

CELCIT. Temporada 2006-2007-2013-2014
Moreno 431 (mapa)
Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Tel: 4342-1026
http://www.celcit.org.ar
Viernes y Sábados a las 21:00 hasta el 11/04/2014

 

 

 

 

 

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