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teatro » nota

| Publicado el 11 de agosto de 2012 a las 05:25 hs.

Más muertos que vivos

La obra escrita por María Rosa Pfeiffer y dirigida por Héctor Oliboni demuestra que no existen las historias pequeñas, sólo las bien contadas.

por Teresa Gatto

"El capitán ha visto hacerse viejo al cura, el cura ha visto al cabo y el cabo al sacristán…"

J. M. Serrat

María Rosa Pfeiffer posee una pluma exquisita capaz de reflejar universos aparentemente pequeños que se expanden y estallan mortificando la vieja noción de realismo para, a partir de un suceso cualquiera, indagar problemas filosóficos que atañen a la existencia de sujetos que ex-céntricos por su ubicación geo-social, devienen en los actores centrales cuya problemática han sufrido diversos colectivos a lo largo de las crisis profundas que vivió nuestro país, ramal que para, ramal que cierra, dijo un califa y dejó a muchos pueblos sumidos en la orfandad mayor, la de los jóvenes.

En este caso, dirigidos de modo sutil y certero por Héctor Oliboni, José María “Pepe” López y Raúl Ramos, suben a escena encarnado a seres creíbles, queribles y por sobre todo reconocibles por esa rebeldía que se alcanza cuando declinar los sueños no es una posibilidad ya que el tiempo de soñar va contra el reloj.

Emeterio, encarnado por Raúl Ramos y Justino en la piel de José María “Pepe” López, se han ido quedando solos. Los pueblos que supieron tener sus tradiciones, fiestas, nacimientos y clubes de fomento, son un espectro del pasado y lo único seguro es la huida de los jóvenes en busca de un horizonte que al pago se la ha vuelto borroso y la partida a otra dimensión de los que se quedaron. Alguien se debe ocupar de ellos y lo que queda es eso tan temido pero seguro: la muerte. Esa catarata de sensaciones de dolor que nos convierte desde el momento de la conciencia plena, en seres de angustia llegará tarde o temprano. De hecho, en el pueblo es casi lo único para esperar porque todos se han ido poniendo mayores, entonces están casi más muertos que vivos.

La solución es discutir entre los únicos dos componentes de la comisión directiva que vela por los intereses del Cementerio y los velatorios y no esperar a quiénes o están enfermos, o escapan a esa realidad o sencillamente ya se han ido. La discusiones alcanzan momentos desopilantes y ambos actores logran la inmediata empatía del espectador porque despojados de trastos, contando sólo con una mesa, dos sillas y una biblioteca con archivos, pueden decir y guiñarle al público todo aquello que se nos ocurre sentiríamos si tratáramos inútilmente de rescatar a un pueblo de su agonía por falta de jóvenes. También hasta cuándo podemos ensayar esa rutina sin tener al menos, una oleada de rebeldía. Y la rebeldía llega, entonces los carritos transportadores de ataúdes son anécdota porque la obra resuelve una resistencia política de modo sui géneris pero la resuelve: no nos dejaremos morir, decidir vivir un sueño, una quimera o una utopía es una manera de gritar que estamos vivos.

Grandes trabajos en todos los rubros y un mensaje de esperanza allí donde pareciera que a determinada edad la resignación es la única oportunidad. No, señores, Emeterio y Justino no se resignan y el texto de Pfeiffer con la mano hábil de Oliboni, nos regala para el sábado por la tarde una ilusión y varias risas que al fin de cuentas, son lo que nos distiende de ese destino seguro que espera en cualquier esquina.

 

Ficha Artístico/Técnica

Autora: María Rosa Pfeiffer
Intérpretes: Pepe López y Raúl Ramos
Escenografía y  Vestuario: Lucia Trebisacce y Carlos Bustamante
Iluminación: Carlos Bustamante y Hector Oliboni
Asistente de dirección: Cristina Sisca
Dirección y puesta en escena: Héctor Oliboni

Funciones: Sábados 19. 30 hs

La Máscara
Piedras 736, San Telmo, Ciudad de Buenos Aires
Reservas: Tel.: 4307-0566
Entrada: $60

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