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teatro » nota

| Publicado el 23 de diciembre de 2011 a las 23:15 hs.

Homenaje a Hugo Saccoccia, Navidad es honrar la generosidad

A 5 meses de su partida, decidimos homenajear a Hugo Saccoccia, creador de la Biblioteca Teatral Hueney y del Festival del mismo nombre. Navidad es honrar a quienes lo dan todo, a los que hacen nacer o acrecentar en nosotros el amor y la generosidad.

Por Teresa Gatto

En el año 2009, fui invitada al V Festival de Humor Hueney. Allí conocí al ser más extraordinario y generoso que el mundo del teatro me legara hasta entonces. Y no porque no haya otros, hay muchos. Pero Hugo Saccoccia, abogado y juez de profesión, dramaturgo, director, mago y compilador de obras de todo el país por vocación, hacía todo para que uno sintiera que llegar a Zapala era llegar al paraíso.

Navidad es fecha de recogimiento para algunos, una fecha más para otros. Pero es también el nacimiento de algo que se funda en su nombre. Cuando Hugo Saccoccia nos dejó hace exactamente 5 meses, partió el duende pero nació la necesidad de seguir adelante con su tarea. La tarea de la Biblioteca Hueney. Por eso hoy Puesta en Escena le rinde homenaje reproduciendo la única nota que entre vino tinto, lágrimas y sonrisas pude hacerle hace 2 años y que me enorgullece tanto como cuando se publicó por primera vez.

...

En la provincia de Neuquén, al Noroeste de la Patagonia Argentina, se encuentra Zapala, una ciudad de 35.000 habitantes que pierde su ritmo de siesta pacifica cuando cada dos años se realiza en ella un singular festival de teatro. Hace diez años se inició el proyecto Hueney de Teatro de Humor. Desde ese momento y hasta la fecha se realizaron cinco festivales nacionales que convirtieron a Zapala en un lugar de encuentro para teatristas de todo el país.

Las gestiones culturales, siempre cuestionadas, no sin razón, deben a realizadores como Hugo Saccoccia, fundador de la Biblioteca Teatral Hueney, el inmenso beneficio de ser el organizador de un encuentro que en 2009 agregó al Festival el Congreso Nacional de Dramaturgia, con sede en la Legislatura de Zapala y San Martín de los Andes, que convocó a dramaturgos de los distantes puntos cardinales del país, en pos de reflexionar sobre el estado de la producción textual y su correlato en las puestas, confrontando así realidades tan disimiles como las Buenos Aires o Trelew. La Biblioteca Hueney ostenta más de doce mil títulos de teatro, es un referente para muchos a la hora de buscar una obra que tenga determinadas características y democratiza todas sus obras enviándolas, con la previa confirmación del autor, a quienes vinculados al quehacer teatral estén en la búsqueda de textos dramáticos. Y muchas veces, aunque parezca una ficción, escribiendo a Hueney, se reciben informes y copias, que redundan en puestas concretas.

Biblioteca y grupo teatral comparten nombre y proyecto. Cada dos años se abre un concurso de obras de teatro de humor que entrega a los galardonados los Premios Emilia. Jurados compuestos por dramaturgos de calidad evalúan los guiones llegados desde toda la Argentina y premian a los mejores. Los laureados reciben una estatuilla, un premio en moneda argentina, la publicación de su obra en un tomo que congrega todas las obras destacadas y ven la puesta en escena del texto premiado, a cargo de elencos patagónicos.

De este modo, la Biblioteca Hueney -con el apoyo del Instituto Nacional del Teatro, y el auspicio de Argentores y la Fundación Somigliana- se prepara ya para el VI Festival de Teatro de Humor. A propósito de esta ardua tarea, transcribimos la entrevista a su fundador el Dr. Hugo Saccoccia.

Teresa Gatto- ¿Cómo nació la idea de formar una biblioteca? Usted estudió Derecho, desde hace años es Juez, parecen disciplinas tan antitéticas.

Hugo Saccoccia- De abogado me recibí en Córdoba, pero de niño era ilusionista, prestidigitador y mentalista. A los nueve años hacía números de mentalismo, me paraba frente al escenario y atrás mío había un pizarrón en el que una persona escribía 99 palabras que el público dictaba. Después mirando al público les decía las palabras de la 1 a la 99 y de la 99 a la 1 y luego el público me pedía un número y yo le decía a que palabra correspondía. Mentalismo, prestidigitación e ilusionismo hice desde muy chico. Tenía mucha facilidad. Para mí, la magia fue un condimento muy importante en mi vida y me gusta que todo lo que hago tenga magia, que sorprenda al que va a recibir, tanto al que viene de visita a mi casa como al que recorre la biblioteca o en la organización de un festival. Tengo que poner mi cuota de magia de tal manera que alguien diga: ¿cómo hizo esto? Disfruto generando una sorpresa grata en el espectador. De chico, andaba por la escuela adivinando cosas, pensamientos. Tenía por un lado una disposición personal y. por otro. una técnica. Tenía reglas de nemotécnica y contaba con un familiar vinculado al teatro que me estimulaba mucho a hacer ese tipo de cosas. De pequeño, venía a Buenos Aires y tomaba clases con Fú-Manchú que tenía una academia en la calle Riobamba, atrás del Congreso. En realidad se llamaba David Bamberg y fue un mago famoso en todo el mundo, filmó muchas películas en México y su academia era muy prestigiosa. Luego, al fallecer continuó con la escuela su hijo y también su viuda. Hablo de muchos años atrás; imaginate que ahora tengo 60 y en ese momento era muy chico. Compraba juegos y aprendía. En un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, Rawson, donde me crié, hacía cosas que generaban mucha inquietud en la gente: adivinaba pensamientos, recordaba números y fechas; por ejemplo, me decían en que fecha habían nacido y yo les decía aparte del signo a que día de la semana correspondía. Comencé a apasionarme por la comunicación despertada en la empatía de la sorpresa de la magia. Esto nunca me lo pude sacar de encima y creo que hoy, a los 60 años, sigo trabajando para eso, para que la gente diga: ¿cómo hizo este tipo para organizar esto?

T.G- Comencemos desde el principio por favor, imagino que es una gran historia.

H.S.- En Rawson, mi papá que nunca fue a la escuela, me enseñó a leer y escribir a los cinco años y, antes de cumplir los seis, me llevó directamente para entrar en primero superior. Le dijo a la directora que sabía leer y escribir de corrido y ella no le creía y me dio el libro Platero y yo y quedó sorprendida, así fue que antes de cumplir los 12 años ya había terminado la primaria, y terminé la secundaria antes de cumplir los 16. Luego, ya radicado en Córdoba, muy flaquito y con 16 años llamaba la atención de todos. Esto hizo que el tiempo que gané en la primaria y la secundaria lo perdiera luego para recibirme, porque empecé a tentarme con las giras, empecé a salir con un circo por Santa Fe, Córdoba, La Pampa y por ahí regresaba corriendo para no perder la regularidad en la Facultad. Tardé muchos años en recibirme de abogado, pero en el ínterin lo que decidió que terminara mi carrera de abogado fue el conocer a la que sería luego mi esposa. Me enamoré y ella, en algún momento, me hizo el planteo: ¿vos vas a ser un mago de mala muerte yendo por los pueblos o te vas a recibir de abogado? Mi mujer era muy directa: no voy a aguantar a un tipo que esté un mes de gira; si vos no estás yo me voy a buscar otro. Entonces hice todo junto, vendí el equipo de magia, me recibí de abogado y me casé. Después salió la posibilidad de trabajar en Zapala con un buen trabajo y, al cabo de un año, ella misma se dio cuenta que yo ya no era el mismo que había conocido, que había perdido la alegría y que era porque no podía hacer aquello que tanto me gustaba y entonces me estimuló a hacer algo en Zapala y así fue que formé el grupo de teatro Hueney. Antes había escrito dos obras para adolescentes que se hicieron con los chicos de un taller de una escuela de Zapala, Cuando la vida es otoño y Modelos de madre para recortar y armar que es una obra que se ha representado en todo el mundo que escribí en 1981/82 y actualmente se está haciendo en varias provincias y se ha hecho en España con éxito. Después, no paré más y en 1984 empecé con la biblioteca. Hicimos una reunión de teatristas de varias ciudades patagónicas, los convocamos por carta, porque era una época en la que no había todavía Internet, invitándolos a venir a Zapala. Les pedimos que consiguieran los pasajes para llegar y nosotros le garantizábamos el albergue y la comida. De esa forma, tomamos contacto con los diferentes grupos y analizamos cuál era nuestra realidad. Yo, desde muy joven, había montado obras de teatro y me gustaba juntar textos teatrales para tenerlos. Cuando empecé con los espectáculos de magia en Córdoba, que trabajé mucho, cambié las rutinas de los juegos mágicos y comencé a dramatizarlas, porque no me gustaba el mago que había conocido de chico, que era un hombre que no tenía comunicación con el niño espectador, era una persona que producía más bien miedo. Entonces, comencé a construir para mis juegos textos dramáticos donde contaba historias y en las que participaban los chicos. Escribí textos de teatro que incluían rutinas mágicas y que fueron premiados por el Gobierno de Córdoba que me contrató para hacer funciones en las escuelas. Así, recorrí toda la provincia, para entonces contaba con 24 años y un gran interés por la escritura teatral. Además formaba parte de un grupo de teatro independiente.

T.G.- ¿Cómo era entonces?

H.S.- Entonces, llegó la dictadura militar del 76 y los borraron a todos, sólo quedamos dos. Entre quienes desaparecieron había una mujer a la que yo quería mucho y un día a las dos de la tarde me despedí de ella y al atardecer de ese mismo día estaba muerta en Tucumán. (La emoción trastoca el tono de la charla, la pausa se hace imprescindible). En ese momento, y arrastrando la culpa del sobreviviente, me refugié en Emilia (a cuya memoria se entregan los Premios de la Biblioteca Hueney a las obras ganadoras). Ella no tenía militancia de ningún tipo, era farmacéutica y así después de 3 años de estar juntos me casé y nos fuimos a Zapala, que era casi un modo de guardarme. Pero tenía que transformar la impotencia, el fracaso y cierto odio que sentía en algo positivo, sino me iba a consumir. El sujeto que se exilia vive en un tiempo raro, el que muere deja de estar, el que sobrevive en su lugar, queda con culpas, sensaciones horrendas que son terribles, si nos logramos canalizarlas en algo más.

T.G.- Son situaciones límite, huelga decirlo...

H.S.- Estaba muy dañado, mi mujer era sumamente contenedora inclusive desconociendo los mecanismos que hacían de mí ese sujeto que era en ese momento, ya que ella desconocía de militancias y persecuciones, por suerte no las había vivido. No estaba con nosotros mientras el grupo de teatro independiente se reunía a ensayar cuidando que no se viera luz tapiando las ventanas, yendo en bicicleta por distintos caminos cada vez. Porque nos sabíamos perseguidos o al menos vigilados; de hecho, el resultado muestra que éramos mucho más que vigilados. Por eso, la necesidad posterior de transformar el odio en otra cosa, reciclarlo creativamente. Además, pensado hoy, mirado retrospectivamente es una cosa muy extraña, digo, la persecución a la cultura como si en cada reunión de teatristas hubiera una amenaza, hoy, 34 años después es casi inconcebible. Pero yo tenía que hacer algo porque estaba muy mal.

T.G.- ¿Trasformar una instancia decisiva en una praxis vital de otra cosa no?

H.S.- Si, como empezar otra militancia pero era para no agigantar el odio, para exorcizarlo, y así poder empezar de nuevo desde otro lugar. Con Emilia nos conocimos en el 76 y nos casamos en enero del 79 y luego nos venimos a vivir a Zapala en el año 80. Creo que en ese momento estaba buscando la forma de canalizar la bronca, los odios en algo positivo. Yo quería dar cosas, brindar algo a los demás y creo que este el germen de la biblioteca.

T.G.- Un proyecto cultural nacido del dolor y la frustración de muchos sueños...

H-S.- ¡Sí!, ya que cuando nos juntamos en noviembre del 84 todo el mundo decía: no hay obras de teatro en toda la Patagonia y yo era el único que tenía 312 obras y esa noche del sábado 3 de noviembre de 1984, con mi mujer, nos pusimos a escribir cinco hojas con carbónicos en la vieja Remington con los títulos de las obras y al otro día les llevé a todos lo que fue el primer índice. Yo no tenía la menor  idea que iba a fundar una biblioteca. Cuando les dije a todos que ésas eran las obras que tenía en mi casa se sorprendieron y se pusieron tan contentos que para mí era como un nuevo acto mágico, como estar en el medio del desierto y ser el único que tiene una cantimplora con agua. En esa época, ya en democracia, empezaron a aparecer en la calle Corrientes librerías de usados que estaban abiertas hasta las 2 o 3 de la madrugada, a donde iban a recalar los libros que la gente había escondido durante la dictadura y también muchos libros de teatro. Cuando tenía vacaciones, nos veníamos con mi mujer y me quedaba a vivir en la librería de usados y compraba cajas de libros que las mandaban a Zapala y cuando llegaba me ponía a hacer nuevas listas ampliatorias y se las mandaba a los grupos. Todo el mundo empezó a pedir a lo loco y, cuando me quise acordar, ya estaba metido en esto. La sensación de poder ser útil me fascinaba, esto es lo que me atrapó y empezó a crecer. De los 312 textos originarios ahora son 18.000, con un banco de datos informatizado de 12.000, con cinco festivales organizados y con gente que escribe a la Biblioteca Hueney desde todas las provincias del país y del exterior. Esto es lo que tenemos 25 años después.

T.G- El objetivo se logró ampliamente porque vos hablabas de odio, desaparición forzada de personas, situaciones terribles y ese modo de encauzar una resistencia desde otro lugar muestra hoy un Festival Multitudinario de Teatro de Humor, muchas compañías que además en el marco del Festival hacen gira por la Patagonia y en el del 2009 una Congreso de Dramaturgia que fue un lujo...

H-S.- Ésta es la esencia de lo que a mí me pasó y, además, tuve la suerte enorme de tener una compañera esposa pareja que me estimuló siempre, además ella decía: te hace bien a vos nos hace bien a los dos. Yo pasaba horas en la biblioteca y ella estaba ayudándome, lo hizo con los festivales y no lo hubiera podido hacer si no hubiera sido así. Es imposible que vos hagas algo si tu mujer te está metiendo el cuchillo en la panza y diciéndote: le dedicás más tiempo al teatro que a mí. La pareja funciona bien si cada uno permite que el otro se desarrolle conforme es, conserve su identidad y, en esto, mi mujer era sabia. Empezaba protestando y diciendo “seguro que esto va a ser más grande que lo anterior” y sí, eso pasaba y después terminaba sumándose y ayudando. Esto te permite aprender que cuando vos decís “voy a hacer esto”, el que te dice “contá conmigo” sin preguntar, sin objetar nada, sin dudar, ése se borra. Son muchos años. Tengo como coordinador general de festivales 11 provinciales, 3 regionales, 1 de dramaturgia y 5 nacionales de humor. En todos siempre le dimos de comer a la gente y los albergamos, algunos por varios días. Fui adquiriendo experiencia en el tema y aprendiendo sobre la marcha y tengo una dosis enorme de energía, no duermo, no como, le meto para adelante, pero esto ya forma parte de mi personalidad y que la capitalizo para producir esta gestión lo mejor posible y además, no alcanza de terminar una fiesta que ya tengo en mi conciencia las cosas que no salieron bien para modificarlas para la próxima. No puedo parar. Mi hijo me dice “papá pará, tomáte un mes, descansá un poco” pero no puedo ya soy así.

T.G.- Pero el Festival 2009 salio fantástico, las puestas fueron buenas en general y las compañías llegadas desde Buenos Aires para los cierres de jornada estaban fascinadas con la recepción del público de las distintas localidades patagónicas en las que se presentaron y el trato recibido durante el evento. Todos regresamos pensando ‘ojalá que haya muchos más Festivales organizados por Hueney’.

H-S.- Sí, salió muy bien, pero siempre hay mucho que gestionar, las compañías que vienen de Buenos Aires deben tener asegurado un mínimo de funciones y un estimado de taquilla, se comienza a preparar todo mucho antes: hotelería, comidas, los presentes, etc.

T.G.- Aclaremos para quien nos lea que la recepción de bienvenida es en tu cálida casa y que todos, periodistas, actores, directores, dramaturgos, son esperados por amigos que en sus autos particulares los trasladan a tu hogar en donde muchas exquisiteces y varios brindis forman parte de la recepción. Luego, amables pobladores de la zona ponen a disposición sus vehículos para trasladarnos y cada grupo tiene asignado un coordinador que deja sus tareas y toma sus vacaciones en esa fecha para hacer de guía turístico, ayudar en alguna duda o simplemente acompañar con esa calidez única de la gente del interior del país.

H-S.- Pero lo que sorprende no debería hacerlo, porque es lo normal, tratar bien al invitado, hacer que se sienta cómodo y resolver cualquier tema de su estadía. Los primeros 312 libros, aumentaron rápidamente porque, como te contaba, fui a Buenos Aires y compré 500 libros cada vez, algunos volúmenes tenían hasta 8 obras, y así sumamos los primeros 2000 títulos. Luego fui al Instituto Nacional de Estudios de Teatro (INET) y les pido direcciones de autores argentinos y envié más de 400 cartas a autores de todo el país, me contestó aproximadamente un 20 por ciento. Algunos me mandaron libros y otros enviaban copias, no había internet y yo a todos les avisaba que había recibido nuevas obras y enviaba los nuevos listados. Y así me escribieron de Mendoza y si ellos no habían participado del encuentro y sabían de Hueney eso significaba que ya el boca a boca de la existencia de la Biblioteca existía. Decían “Hay un loco en el Sur que te manda las obras gratis y no te cobra nada”. Si no le había cobrado a uno no podía hacerlo con el otro, la pasión acaparó todo el espacio que antes albergaba otros sentimientos. Y también empecé a recibir toda suerte de retribuciones afectuosas, yo estaba dando algo que no todos comparten y esto genera sorpresa. Como si fuera mágico... la magia de la infancia aplicada a otra actividad... -Es mucho más que magia, es un acto de mucho amor porque es un Festival y en 2009 se sumó un Congreso de Dramaturgos pero, además, están los gestos de esas mujeres de tu familia que hacen esas exquisiteces para que los almuerzos y las cenas sean fabulosos y que en un mismo ámbito se mezclen críticos, actores, directores, dramaturgos, que ineludiblemente reflexionan sobra su quehacer, cada día es un banquete no platónico, sino saccocciano. Hay mucha meditación sobre el amor a ese trabajo en esos ágapes. Se abren espacios de diálogo apasionado, se logran entrevistas en un clima distendido que no se pueden dar en Buenos Aires.

T.G.- ¿Qué pasa con el dramaturgo Saccoccia?

H.S.-A fines de agosto de 2009 en el Teatro del Pueblo se estrenó Las González una obra mía, que con cierto aire costumbrista indaga las sujeciones que las mujeres tienen en los pueblos debido a ciertos prejuicios referidos a la sexualidad. Contó con la dirección de Néstor Romero y la participación de Catalina Speroni, Ana María Castell, Cecilia Cenci y Ángela Ragno. La mujer es motivo de permanente mirada mía, creo que la vida de un hombre no alcanza para admirar a una mujer y que dos vidas no alcanzan para entenderla.

T.G.- ¿También obtuviste un reconocimiento importante no?

H-S.- Si, en octubre 2009 recibí la Plaqueta Especial ACE otorgada por la Asociación de Cronistas del Espectáculo a la Biblioteca Teatral Hueney a mi persona por los 25 años difundiendo el teatro argentino.

T.G.- Entonces el dramaturgo le gana al coleccionista y/u organizador de Festivales, todos coexisten o ¿cómo es?

H.S.- Yo no tengo formación dramatúrgica, soy alguien de suerte pero mis obras se han visto en todos lados, en el año 92’ "Mi pueblo dónde está" participó del Festival Iberoamericano, ganó y llegó a Buenos Aires, se hizo en el Teatro Regio y en el Presidente Alvear, en el elenco estaban Liliana Pécora, Norberto Díaz y otros excelentes artistas.

Podría hablar mucho más, pedirle estadísticas, anécdotas, curiosidades. Pero Hugo está cansado, ha llegado a Buenos Aires desde el desierto que separa Neuquén de Buenos Aires, debe hacer los arreglos que le garanticen el pago de los subsidios de los eventos pasados para así poder financiar él mismo, el Festival 2010, porque la rueda no para y gestionar tiene estas dilaciones no imputables a las voluntades, sino más bien a los modos en que se gestiona cultura en los países con déficit importantes en el área que debería ser primordial. Saccoccia es un obstinado enamorado de su quehacer, es un anfitrión magnífico, un dramaturgo interesante y un personaje entrañable, pero por sobre todo, es un ejemplo de lo que puede una voluntad al servicio de resistir en la Cultura grande, porque en el año del Bicentenario de la Revolución de Mayo, aquella en la que hombres probos lucharon por la libertad, es ineludible remarcar el trabajo de otros hombres probos que, contra viento y marea, luchan para que el teatro argentino tenga un día más de celebración en un encuentro que enriquece a todos y en una Biblioteca maravillosa que es referente sudamericano de su especie.

Publicada originalmente en  la Revista de Teoría y Critica Teatral telondefondo Nro.11- Julio 2010 ISSN: 1669-6301 

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