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puesta en letra » nota

| Publicado el 23 de junio de 2014 a las 19:27 hs.

La escritura del per-verso

La reedición de FCE de ¡Cavernícolas! de Héctor Libertella provoca el regreso afantasmado del texto, extraerlo de la serie histórica no es un gesto inocente sino una operación subversiva que da cuenta de un modo de leer y de concebir la literatura

Por Silvana R. López

El pastiche –amor patológico por la letra antigua- es precisamente la forma última del texto perverso. Allí se empasta, se pasticha y hace pasta con el modelo leído. En ese sentido, el pastiche aparece como la manifestación salvaje de la parodia. El arcaísmo es su agente: el intermediario exacto de ese amor salvaje por la letra antigua. Y la parodia-que es Todo-se enriquece con ambos.

   Ensayos o pruebas sobre una red  hermética.
   Héctor Libertella

 

¡Cavernícolas! de Héctor Libertella, publicado en 1985 por la editorial Per Abbat es reeditado en 2014 por “Serie del Recienvenido” dirigida por Ricardo Piglia, quien selecciona y prologa textos que han promovido o anticipado temas o formas en el universo narrativo y por ello ocupan un lugar destacado en la literatura contemporánea. El regreso afantasmado de un texto provoca una serie de acontecimientos que ponen en relación sus condiciones de producción, el contexto de re-aparición y la apertura a lo que vendrá. Extraer ¡Cavernícolas! de la serie histórica no es un gesto inocente sino una operación subversiva que da cuenta de un modo de leer y de concebir la literatura. Los relatos que componen el texto de Libertella se traman sobra la parodia, como efecto y como modo de suspensión de lecturas predominantes, y en esa dirección, sobre procedimientos que articulan una escritura de segundo grado. Cada relato avanza sobre la puesta en contacto de dos textualidades, una parodiada y otra parodizante, dando a leer maniobras de apropiación, de imitación, de fricción y de crispación entre los textos.“La Historia de Historias de Antonio de Pigafetta”,  parodia  La primera vuelta al mundo, las figuras del cronista Antonio de Pigafetta y la de Fernando de Magallanes, “La leyenda de Jorge Bonino”, la vida del performer argentino del mismo nombre, “Nínive” parodia las aventuras de Hormuzd Rassam, el descubridor de las tablillas asirias descifradas por George Smith como la Epopeya de Gilgamesh. La parodia que puede pensarse como textofilia pero también como textocidio provoca, en clave de humor e ironía, la lectura en reverso de uno de los textos paradigmáticos de las Crónicas de India y por lo tanto, del relato de la conquista. El estagnamiento y el saqueo que subyacen en las operaciones de conquista y colonización también se leen en “Nínive” donde ingleses, franceses y asirios roban, intercambian y se apropian de los preciados objetos que le son ajenos. En el mismo sentido, el arte de Jorge Bonino cuestiona el fachismo de la lengua y el arte como institución; con su lengua inventada al actor no le queda otro destino que el delirio y la hermeticidad, luego la muerte y con ella, la muerte gramática.

Leer es acomodar los blancos al ojo revela Libertella en El árbol de Saussure, la lectura-escritura de lo no dicho, de lo que permea o de lo que late, es lo que constituye ¡Cavernícolas!, un vacío-lleno de letras de molde, rayas, subrayados, muñecos de letras, juego con espejos, cuadros y recuadros, dibujos y diversos diseños de paginación, para asediar esos blancos y sus interdicciones.

En 1985, ¡Cavernícolas! es la escena de escritura privilegiada en la que Libertella ficcionaliza los procedimientos críticos y teóricos que despliega en Nueva escritura en Latinoamérica, de 1977. Lo nuevo a fines de esa década es aquella escritura en la que el escritor, el cavernícola, reprocesa la tradición literaria para reescribir un nuevo texto donde, a puro artificio,  los elementos narrativos aparecen des-representados y dispuestos en un nuevo espacio de escritura llamado “la novela aplastada”. Así, según Libertella, la escritura cavernícola es la sintaxis retorcida de Sebregondi retrocede (1973) de Osvaldo Lamborghini; la narración infinita de un instante de Farabeuf (1965) de Salvador Elizondo;  la metamorfosis y el travestismo de Cobra (1972) de Severo Sarduy; la prescindencia de un único narrador en The Buenos Aires affair (1973) de Manuel Puig, la artesanía de una novela que hace explícita su trabajo sobre otros textos como El mundo alucinante (1970) de Reinaldo Arenas y la parodia que triza los elementos de una tradición culta de La orquesta de cristal (1976) de Enrique Lihn. ¡Cavernícolas! es también una respuesta contundente a la polémica entre Héctor Libertella y Emir Rodríguez Monegal, en 1978, a propósito de la publicación de Nueva escritura en Latinoamérica. En su gesto crítico, el uruguayo se ocupa de ese “librito”  y no se le escapa la línea de fuga que, en las tensiones entre el colonialismo intelectual y los distintos meridianos culturales a fines de los 70, representa la irrupción crítica de Héctor Libertella.

En 2014, la reedición de ¡Cavernícolas! recupera esa huella y la reafirma, la escritura de las cuevas viene a quedarse y a poner atención sobre donde palpita o se esconde la literatura.

 Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2014, 128 páginas