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música » nota

Críticas | Publicado el 06 de octubre de 2016 a las 13:15 hs.

Oda a los héroes anónimos (o todo muerto es político)

Juan Carlos "Tata" Cedrón presentó la Cantata del Gallo Cantor, con letra de su amigo y compañero Juan Gelman, durante un ciclo que sucedió todos los jueves de septiembre en Hasta Trilce (Maza 177).

"...  el canto tiene sentido 
cuando palpita en las venas 
del que morirá cantando 
las verdades verdaderas, 
no las lisonjas fugaces 
ni las famas extranjeras 
sino el canto de una lonja 
hasta el fondo de la tierra."

Fragmento de Manifiesto, de Víctor Jara.

 

Por Mariu Serrano

 

La ceremonia comenzó con La Lija, una orquesta heteróclita y joven, con sus once integrantes sentados en un gran semicírculo. Guitarras criollas, contrabajo, cajón peruano, arpa, laúd, flauta traversa, acordeón, tres coristas al frente y el vozarrón del líder entonaron un compendio de canciones originales, hijas de sus discos Saluda primero, dispara después (2015) y Río largo (2016). 

El joropo, la zamba, el fandango, la rumba, el son, confluyen en un cálido viaje que hace de la diversidad una identidad sonora única. Del entramado de ritmos de los confines latinos, se destacaron "Con tres azucenas", "Ícaros en Guaymallén", dedicada a Paco Urondo, "Relación del Marqués", "Fandango de la Trifulca", y "Viene volando un canto mejor".

La solidez de la propuesta de esta "nueva canción popular", empero, peca de académica y ello se nota en el cierta impostación vocal como en la rigidez corporal de sus ejecutantes. Salvando este punto, el ambicioso cometido de recorrer las músicas de la Patria Grande y embeber sus letras de un romántico contenido político -a saber, la historia contada por los vencidos-, fue alcanzado de modo sensible.

 

(Para escuchar los discos de La Lija, haga click aquí.)

 

Entró luego el ilustre Cuarteto Cedrón, conducido por el gran "Tata", quien entre anécdotas célebres y modestas nos deleitó con su personalísimo repertorio. Mezcla rara de penúltimo cantor y de primera guitarra, estuvo acompañado por Miguel López en bandoneón, Miguel Praino en viola y Josefina García en violoncello. Durante la presentación tocaron el instrumental "Ensueño", luego "En un corralón de Barracas", con letra de Homero Manzi, "Las demás causas", escrita por su hermana Rosa Cedrón, inspirada en dos poemas de Jorge Luis Borges, y la polka "Tarjeta de cartón", con letra de Rafael González Tuñón.

Sin ser experimental propiamente, con una cimiente tanguera y folklórica, el "Tata" Cedrón crea desde las entrañas, por eso es irreverente frente a la métrica, practica la rima con desdén: su autenticidad es la única condición que acata. Los recuerdos de un Camet desértico en su infancia, la zamba de Yupanqui, una Buenos Aires roja, soñolienta, montonera, un París que cobijó su exilio y lo convirtió en vecino y amigo de Sartre, una vuelta al pago ya curtido pero conservando los principios de antaño.

 

 

Entonces llegó la tan ansiada Cantata, y si bien Cedrón volvió a llamar a La Lija al escenario, fue en realidad al revés la historia: fueron ellos quienes, en 2015, le insistieron para que presentara esta obra, inspirada en verdades argentinas y sin embargo sólo publicada en el exterior. Felizmente, "Del gallo cantor. Cantata" le ganó al desarraigo y arribó a nuestro país a través de fanáticos que la propagaron y sostuvieron viva.

Hoy podemos, finalmente, disfrutar de esos versos que su amigo Juan Gelman escribió allá por 1972 y que el Cuarteto Cedrón convirtió en un cruento y bello retrato sonoro. Esta obra tiene como pre y posludio el poema "Ruidos", aquellos que poblaban la noche de los perseguidos, luego "Glorias", el reverso de la pulpera de Santa Lucía, sobre los 16 muertos que dejó la masacre de Trelew, luego "Cambios", cuenta la historia de Eugenio, un obrero que fue raptado y torturado, y sin embargo no delató a niguno de sus compañeros, y por último, "Chances", habla de una mujer embarazada que pierde a su bebé por los golpes que recibe de sus torturadores. Numerosas preguntas pueblan el aire: las épocas, los oficios, las causas y las formas de la militancia son otras, pero es inmutable la convicción colectiva de que "no solamente queremos la igualdad en la muerte, también queremos la igualdad en la vida, queremos la justicia en vida".

 

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