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cine » nota

Críticas | Publicado el 18 de marzo de 2017 a las 18:47 hs.

Anhelos desemejantes

Primero Enero. El film de  Darío Mascambroni propone una búsqueda luego de una situación familiar compleja. Pero los encuentros no siempre son lo que anhelamos y re-descubrimos que los vínculos se construyen desde la diferencia.

Por Julieta Abella

“El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia”.
Milan Kundera

Una carretera a quién sabe dónde. Dentro de un auto que va por estas rutas de tierra, suceden unas primeras historias y conversaciones entre un padre y su hijo que darán inicio a un viaje de clausura. Valentino, hijo, trata de poner en palabras su conocimiento sobre el mito de la caja de Pandora, mientras que Jorge, su padre, asentirá sobre aquello que escuchó pero no del todo, lo modificará. Esta primera disonancia estará presente en toda la película: Valentino no querrá cumplir al pie de la letra las actividades ancestrales y tradicionales que propondrá su padre y, a su vez, Jorge buscará constantemente una realidad que ya no existe. De esta manera, Primero enero (2016) relatará el anhelo de cada uno de estos personajes; similar pero desemejante, unido pero autónomo.

El comienzo y el fin del largometraje darán cuenta, entonces, de un viaje; viaje familiar que marcará un hito en aquella relación que, asimismo, se ve plasmado en aquel espacio, aquella casa que alberga innumerables memorias. Es entonces que esta forma circular de la narración permite focalizar en este desplazamiento en particular, dándole un cierre simbólico a aquel sitio visitado que corresponde, a su vez, a una etapa familiar ya finalizada.

Esta última vuelta a aquella casa del paisaje cordobés permitirá que Jorge de lugar a un afianzamiento y un reforzamiento de lo que él cree que mantiene su vínculo con Valentino. Entonces, se dará una búsqueda de consolidación de aquel lazo a través de la necesidad de recrear y cumplir con tradiciones que pertenecen a la

 

infancia de Jorge. Aquí se generará este desplazamiento que se rastreó al comienzo. Mientras Jorge busca, constantemente, repetir aquel pasado marcado a fuego en su memoria, Valentino le problematizará tales prácticas que no responden ni a su presente ni a su relación. De esta manera, Jorge recreará aquellos recuerdos de infancia como resguardo de aquella ruptura familiar y Valentino anhelará la ausente figura materna.

A a su vez, la melancolía y el anhelo que rodea a ambos personajes estará plasmado en las elecciones cinematográficas artísticas y espaciales.Se realiza, así, una búsqueda estética dentro de este tópico nostálgico que presenta el largometraje a partir del rol de naturaleza y el espacio. Los paisajes acompañarán armónicamente, generando un carácter intimista, que enmarcará este relato dentro de encuadres simétricos y vibrantes.

Consecuentemente, Primero enero (2016) retrata un último viaje a aquella casa que representa aquello que se perdió y que tanto padre como hijo recordarán y rememorarán de forma diferente. Es entonces que el largometraje de Darío Mascambroni permite una búsqueda estética y dramática de la nostalgia y de lo desvanecido.

 

Sinopsis

Recientemente divorciado, Jorge prepara la última visita a la casa de las sierras antes de ponerla en venta. Allí planea compartir junto a su hijo Valentino una tradición familiar. Pero las diferencias entre padre e hijo ponen en jaque su estadía.

Ficha Artístico/Técnica

Intérpretes: Valentino Rossi, Jorge Rossi y Eva Torres.

Dirección: Darío Mascambroni

Guión: Darío Mascambroni

Producción: Yanina Moyano

Producción ejecutiva:

Yanina Moyano y Darío Mascambroni Fotografía: Nadir Medina

Sonido: Federico Disandro

Montaje: Lucía Torres

Dirección arte: Paola Raspo

Estreno en Cines. 16 de marzo

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