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cine » nota

Críticas | Publicado el 26 de enero de 2017 a las 21:50 hs.

Cuatreros, la excusa perfecta de una Argentina con Memoria

El film de Albertina Carri es difícil de catalogar en un género que lo aprisione. De todos los supuestos, lo que se re-presenta es un estado Político, un cine político. Luego, cada uno hará lo que pueda con esa enorme multitud de omniscientes memorias que cineasta vuelca en su maravilloso film.

Por Teresa Gatto

 

¿Qué es un duelo imposible y qué nos cuenta 
sobre una esencia de la memoria?
¿Ese otro muerto deberá vivir en nosotros y ser nuestra memoria su tumba,
o será mejor no tomarlo, dejar su alteridad, hacer un duelo posible?  

Jacques Derrida- El Arte de las Memorias

 

Confieso que vi este film de Albertina Carri en el 31° Mar del Plata Internacional de Cine. Confieso que no pude escribir en ese momento. No me parecía posible en el estrecho mundo de las corridas para llegar a las funciones que tuviera que expresarme sobre lo que había vivido, sobre de lo que fui partícipe. Sobre cómo el cine de Carri llegó a mí y de cómo lo terminé de comprender, no de sentir, de la mano de Ana Amado.

La condición de posibilidad de lo que se narra y re-presenta es la búsqueda del Isidro Velázquez. Como toda búsqueda que se vuelve rizomática, los pasos de Carri, omnisciente siempre en el film con su voz y su historia, derivan en una cuenca inagotable de recuerdos.

Ese guión germinal que nunca terminó, terminó siendo un ensayo sobre la Argentina violenta. La de la sangre derramada, la que fue negociada. Claro, Carri sabe de esto, desde Los rubios en adelante, sus indagaciones y sus conclusiones a veces se quedan ancladas en esa frase que le dijo Daniel Link: “Somos los hijos de una catástrofe”, palabras más o menos.

Lo perturbador, es que en esta estética de Cuatreros, Carri nos hostiga, sin mala intención, a la búsqueda y en esa participación de pantallas en  la que el ojo no avezado, o sí, trata de fijar una memoria, la memoria de lo visto se desvanece, pero las palabras de Carri personaje, narradora, de Carri cineasta se quedan en nosotros.

En esa suerte de impacto de pantallas partidas, se mixturan la Historia, los viajes a lugares variopintos y entrelazan la Historia de la propia Albertina desde la desaparición de sus padres hasta su cotidiano. De modo que entre lo histórico y lo inminente, la película desarrolla una visión única del “acontecimiento” tanto de la Argentina que sangra hasta la Albertina que también lo hace porque jamás nos escatima nada de su día a día. Su hijo, su pareja y la disolución de la misma, generando signos y signos que se superponen hasta desencajarnos completamente. ¿Era la intención de Carri molestar, descentrar, descolocar? Ojalá. Pues con esta espectadora no sólo lo ha logrado sino que se agradece.

El film no apela a clichés ni a manipular con música o estremecimientos lumínicos al espectador. Si la vida del cuatrero Isidro Velázquez suponía un modo de indagación, la propia Carri se ocupa de decir en el debate posterior, que a esa historia le faltaba una vuelta de tuerca. Entonces, de espaldas al guión y de espaladas también a la propia filmación, la cineasta se da el gusto y nos entrega una mixtura entre una historia de violencia y la de su vida propia, y a la vez enriquecerla con archivos que son perlas halladas en aquellos lugares que visita antes de rodar.

Pero además descree de la linealidad, una historia de Velázquez sería lineal. Una bio-pic, un documental. Eso no la satisface y nosotros los espectadores lo agradecemos, porque tampoco nos hubiera satisfecho como esta demoledora puesta en relato y ficción de una mujer que no abjura de nada de lo que le tocó vivir y que nos parte la cabeza como parte la pantalla, en miles de pedazos que nos obligan a repensar qué somos, de dónde venimos (no en sentido Bíblico) y por qué hoy estamos como estamos.

Los duelos pueden ser alegorías pero eso no significa que se resuelvan. Las faltas, los des-hechos de los amores, los que faltan, conforman ausencias en las que estamos involucrados como sujetos a los que no les cabe la diferencia entre cuerpo social público y cuerpo privado y doliente.

El film de Carri ya pronto podrá verse en cines. Celebro esta obra de Arte que cuenta lo que cuenta y lo que puede ser el cine lejos de las máquinas de generar convenciones.

 

 

Sinopsis:

Voy tras los pasos de Isidro Velázquez, el último gauchillo alzado de la Argentina y, como la búsqueda del tiempo perdido siempre es errática, ¿voy realmente tras los pasos de ese fugitivo de la justicia burguesa? ¿O es que voy tras mis pasos, tras mi herencia? Viajo a Chaco, a Cuba, busco una película desaparecida, busco en archivos fílmicos cuerpos en movimientos que me devuelvan algo de lo que se fue muy temprano. ¿Qué busco? Busco películas, también una familia, una de vivos, una de muertos; busco una revolución, sus cuerpos, algo de justicia; busco a mi madre y a mi padre desaparecidos, sus restos, sus nombres, lo que dejaron en mí. Hago un western con mi propia vida. Busco una voz, la mía, a través del ruido y la furia que dejaron esas vidas arrancadas por aquella justicia burguesa.

Ficha técnica

Guión y Dirección: Albertina Carri
Producción: Albertina Carri y Diego Schipani
Producción Ejecutiva: Diego Schipani
Investigación y recopilación de material de archivo: Leandro Listorti
Cámara: Alejo Maglio, Federico Bracken, Tamara Ajzensztat, Bruno Constancio
Proyectoristas: Daniel Vicino, Andrés Levinson, Leandro Listorti
Edición: Lautaro Colace
Diseño de sonido: Martín Grignaschi
Post producción de imagen: Leandro Pugliese
Diseño gráfico: Alejandro Ros
Foto fija: Sebastián Freire
Prensa: Luciana Zylberberg

Funciones:

ESTRENO 2 FEBRERO ESPACIO INCAA GAUMONT y 3 de FEB. MALBA

67° Internationale Filmfestpiele Berlin (Berlinale) 2017


DCP (con materiales en 35 mm, 16 mm y Medios digitales) /84 min.
Color y B&N /2016
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