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cine » nota

| Publicado el 23 de noviembre de 2013 a las 11:57 hs.

Pelo Malo de Mariana Rondón, en el 28° Festival de Cine de MDQ

El film de Rondón de la República Bolivariana de Venezuela, viene de ganar la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián e indaga el vínculo madre/hijo a partir de un hecho trivial que cobra enorme dimensión por la condición social y emocional de sus protagonistas. Competencia Internacional.

Por Teresa Gatto

Junior tiene nueve años y el “pelo malo”, así le dicen en Venezuela al cabello rizado. Se acerca el comienzo de las clases y hay que tomarse la foto de inicio. Cada niño elige el cómo. Junior quiere ser un cantante de música pop, pero con ese pelo malo, no se puede. Reunir el dinero para la foto y conseguir domar ese cabello son sus utopías ¿pequeñas, no? No, si consideramos que es hijo de una mujer viuda, despedida de su empleo de seguridad con él y un bebé.

Todo el dolor, la frustración y la exclusión que vive esa familia en un complejo habitacional de un suburbio venezolano enrarecen el vínculo entre Junior y su madre. La cámara de Rondón hace especial hincapié en las miradas que todos se dirigen, ella al niño, el niño a ella, ella al bebé, ella a otros hombres, el niño a su entorno. Todo el rencor y la desesperanza que vive la madre, será descargada sobre Junior. Hay un enorme contraste en el vínculo que ella mantiene con el bebé al que abraza, baña y acaricia amorosamente y el que sostiene con su hijo mayor que es siempre objeto de reprensión, de observación y de un maltrato que no llega a ser  físico pero es peor. Ella cree que el niño tiene tendencias homosexuales y dejárselo a su abuela paterna sólo supone una profundización de esas tendencias toda vez que ésta lo acompaña en esa quimera de disfrazarse de cantante pop y le enseña a bailar y cantar y hasta le confecciona un traje.

Para la madre, con una personalidad fálica de enorme dimensión, Junior ya es defectuoso por su cabelllo y por su afán de cambiarlo. Pero algo anida en esa imposiblidad de vínculo, porque no hay instinto, eso ya lo sabemos, y los vínculos se construyen y aquí reside la potencia del film. Es imposible esa construcción pues la mujer se haya atravesada por tantas variables socioeconómicas y en su pasado algo que no se revela la ancla en un dolor y frustración tan profunda que el niño es la variable de ajuste de su enojo contenido pero que irradia desde su mirada hasta lograr la ira del niño.

Un retrato del neorrealismo latinoamericano, que con acierto pinta un lugar: Venezuela, en el momento en que todavía es posible la curación de Hugo Chávez y muchos ciudadanos se rapan sus cabelleras para solidarizarse con el Comandante que pierde su cabello por la quimioterapia. Una mirada a esos monoblocks en los que la diversión puede ser sólo mirar la muy cercana ventana de enfrente, el hacinamiento y una condición de vida que no goza aún de los beneficios de la revolución son el marco para que esta historia que parece pequeña en la anécdota se torne enorme y ya haya cosechado además un premio importante en Grecia. El cine sociopolítico dispara interrogantes a un sector del público que ya no se conforma con el pathos de las producciones que no lo refractan.

Sinopsis

Junior (Samuel Lange, una revelación) tiene nueve años y una obsesión: alisarse el pelo, aplastar esa melena negra irreductiblemente ensortijada, para llevarlo como lo llevan las estrellas del pop. Y debe hacerlo antes de que le tomen la foto escolar. Pero a su madre, que ha quedado viuda y con dos niños a su cargo –Junior y un bebé–, y que desde el despido de su trabajo como guardia de seguridad debe limpiar casas, la envuelven una amargura y una ansiedad que no le permiten ver en su hijo más que un capricho, para el que no tiene tiempo ni paciencia, y una temprana “desviación sexual” que es necesario corregir. Sobre este punto de partida Rondón concibe el relato de iniciación que viene de ganar la Concha de Oro en San Sebastián, con sentimiento pero sin sensiblería, ambientado en un complejo de casas sociales precario y despellejado hasta el borde de la desintegración, y en las calles de una Caracas hostil y expulsiva. Un film sobre personajes lastimados y desamparados; sobre la identidad, la intolerancia, el rechazo y la resistencia. Un film con corazón y pelo duro.

Ficha Técnica

Dirección y Guión: Mariana Rondón
Fotografía: Micaela Cajahuaringa
Edición: Marité Ugás
Dirección de Arte: Matías Tikas
Sonido: Lena Esquenazi
Música: Camilo Froideval
Producción: Marité Ugás
Compañía Productora: Sudaca Films
Intérpretes: Samuel Lange, Samantha Castillo

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